Desiertos de noticias, pantanos de información
El inmenso territorio argentino está fragmentado entre grandes extensiones con acceso limitado al periodismo fidedigno y zonas inundadas de aguas informativas turbias. Una geografía demasiado agreste para la democracia.
John Reichertz
18 de septiembre de 2021

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No es el cambio climático. Pero los desiertos de noticias y pantanos de información cubren cada vez más del territorio digital argentino, debilitando a la democracia del país.

La democracia es un bicho, muy particular. Desde siempre ha florecido mediante una relación simbiótica con la libertad de prensa. Sin una prensa libre, no había democracia, y sin democracia, no había una prensa libre.

Los fundadores de las repúblicas democráticas del mundo, todos vieron a la libertad de prensa y la democracia como condiciones inseparables, y por eso la libertad de prensa ocupa lugares de privilegio dentro de las distintas constituciones nacionales.

El autor de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, Thomas Jefferson, dijo qué si tuviera que elegir entre un gobierno sin prensa, o una prensa sin gobierno, tomaría esta última opción, de prensa sin gobierno.

Hoy, de todos modos, con los desiertos de noticias, enfrentamos la opción no deseada, gobierno sin prensa.

En la misma línea, el gran constitucionalista argentino, el periodista riojano Joaquín V. González, colocó a la libertad de prensa como corazón del sistema democrático argentino. Dijo, que la libertad de prensa es el derecho, que garantiza a todos los otros derechos, y debe ser respetado en la plenitud de su sentido sin alteraciones ni debilitamientos.

Lamentablemente, hoy, estamos frente a una situación de debilitamiento, si no, peor.

Ya que es un fenómeno nuevo, corresponde preguntar: ¿Qué es un desierto de noticias?

Según la Escuela Hussman de Periodismo y Medios de la Universidad de Carolina de Norte, que se ha convertido en líder en estudios sobre el fenómeno, un desierto de noticias es:

“Una comunidad, rural o urbano, con acceso limitado al tipo de noticias y información fidedigna que alimenta a la democracia en su nivel de base”.

De todos modos, no se puede entender el impacto total del fenómeno de los desiertos de noticias, sin tomar en cuenta el contexto más amplio.

Ese contexto más amplio son las plataformas de Internet y las redes sociales. Por medio de este nuevo ecosistema digital, las regiones más remotas del país, están inundados en un pantano de información que raramente apunta a darle al ciudadano una visión fiel, y justa, de los acontecimientos en sus alrededores inmediatos.

Bajo las aguas turbias de ese pantano, están: Facebook, Google, Instagram, YouTube, WhatsApp, Telegram, etc. Circulan por sus venas, sin mucho control, desinformación, mentiras, propaganda, operaciones políticas y comerciales, mezclada indiscriminadamente con información importante, y útil.

Frente a la ausencia de noticias, lo que si hay se torna mucho más importante.

En mayo, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), presentó un relevamiento a nivel nacional de los desiertos de noticias en el país.

Los principales hallazgos del estudio de FOPEA, una organización de unos 600 periodistas independientes, fueron:Los desiertos, y los semidesiertos, cubren tres cuartas partes del país.

Casi 48% de los 560 departamentos que componen el territorio argentino están situados en la zona roja del periodismo local: son, desiertos informativos.

La cuarta parte de los departamentos son semidesiertos.

El 17% son semibosques.

Casi el 10%, generalmente, las grandes urbes del país, son bosques informativos.

La Rioja, Santiago del Estero y Formosa, son las provincias que exhiben mayor densidad de desiertos informativos.

Hay 13 provincias donde más de la mitad de los departamentos son desiertos informativos.

Para un país federal, esto es, un desastre. ¿Cuántos senadores, diputados y gobernadores vienen de territorios donde el periodismo está ausente o, extremadamente debilitado?

¿Qué está pasando? ¿Por qué estamos enfrentando este proceso desertificación?

Es muy sencillo. El histórico modelo de negocios de los medios, la publicidad, ha colapsado, por lo menos, para los sitios de noticias. Facebook, Google y otros similares, que en gran medida son agencias de publicidad, han expropiado el negocio de los diarios, las radios, las revistas – que antes eran nuestra vidriera al mundo.

Es un fenómeno mundial, con aristas diferentes en cada país. Pero, que es un fenómeno mundial, no hay duda.

La UNESCO, dedicó su atención a este tema, el 3 de mayo último, Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Al defender a la información como un bien común, esencial para el funcionamiento de las sociedades, dijo que la situación, que ya era apremiante, ha sido agravada aún más por la pandemia.

“Los modelos económicos de los medios de comunicación, que ya habían sido golpeados por la competencia de las empresas de Internet, se han visto aún más afectados por las enormes pérdidas de ingresos publicitarios debido al impacto económico de la crisis sanitaria”, dijo en un documento sobre el tema.

Quizás por razones diplomáticas, no mencionó una de las razones adicionales del agravamiento, por lo menos en un mercado, el de Estados Unidos. Se fue de la presidencia del país Donald Trump. Sí, desde que se fue Trump, el tráfico a sitios de noticias en Estados Unidos ha caído abruptamente, y por eso sus ingresos.

Sin lugar a dudas, Estados Unidos tiene uno de los mejores mercados para medios del mundo. No obstante, es una lucha permanente permanecerse a flote. Monika Bauerlein, directora ejecutiva de la Revista Online Mother Jones, al pedir dinero a la audiencia para salvar a la Revista de recortes drásticos, a mediados de este año, explicó algunos de los desafíos.

Una investigación de prisiones privadas en EEUU que realizaron en Mother Jones tuvo un costo de $350.000 dólares. Esa investigación generó 2 millones de páginas vistas, que a la vez generaron: US$5.000. O sea, para costear la investigación tuvieron que buscar los US$345.000 que restaban.

Toda la producción de un año de videos, en 2020, publicados vía YouTube, tuvo 55 millones de vistas, generó tan solo U$S 20.000.

La publicidad antes fue un sostén principal de los medios. Hoy, es marginal. Como ejemplo, en la actualidad lo que una persona paga mensualmente en suscripción para un medio digital, equivale a lo que generan centenares de usuarios a través de sus visitas durante un mes.

Sería maravilloso si todos estuvieron dispuestos a pagar una suscripción, pero no ocurre. En general, menos de un por ciento de la audiencia de los sitios se ha mostrado dispuesto a pagar una suscripción.

Volviendo a Argentina, el informe sobre desiertos de noticias es un estudio cuantitativo.

Pero también es importante lo cualitativo – lo que determina como es la naturaleza del poco periodismo que hay en muchas zonas del país. Sobre eso, hay tres puntos de referencia, todos con evaluaciones negativas.

Tanto el proyecto 100 PorCierto, de FOPEA y del Thomson Media de Alemania, como el Índice Global de Desinformación, con sede en Londres, hicieron relevamientos bastante similares sobre varias decenas de sitios digitales de Argentina.

Vieron que medidas toman los medios, nominalmente periodísticos, para dar seguridades a la audiencia de que lo que ofrecen, es efectivamente, periodismo – y no desinformación, propaganda política, rumores, chismes, mentiras, etc.

Observaron los procesos y controles que los principales sitios de noticias del país, incluyendo las provincias, usan para asegurar calidad en la entrega de noticias.

El sentir es que el periodismo, que comparte plataforma hoy con todo lo demás, tiene que ser, y mostrar, que es diferente a los que habitan el pantano de información. Esto es muy importante.

Por ejemplo, el periodismo debe transparentar de donde salen los fondos que lo sostiene, ofrecer notas firmadas por periodistas y decir quiénes son, ser guiado por códigos de ética, corregir errores, citar sus fuentes de información y procurar ser justo en el tratamiento de temas.

El veredicto de los dos informes era muy similar. Para no depender totalmente de FOPEA, vamos a citar al Índice Global de Desinformación. Dice:Casi dos tercios de los sitios analizados muestran un alto riesgo de desinformar a sus usuarios

Casi un tercio de los sitios analizados tienen una calificación de riesgo medio

Solamente hay un sitio que presenta bajos niveles de riesgo de desinformación

Para resumir, lo que este informe está diciendo es que el periodismo no está cumpliendo con su rol en la sociedad.

Muchas personas atribuyen este estado de las cosas a la alta dependencia que el periodismo tiene de la publicidad oficial. Esta realidad afecta particularmente al periodismo del interior del país, ya que allí hay pocas alternativas de financiación. Si publican algo critico sobre el poder, se corta el chorro de fondos que los sostiene. Y por eso no puede tener código de ética, ni decir cuáles son los orígenes de sus fondos, y los periodistas, directamente, no quieren firmar las notas.

La UNESCO, comentando sobre el debilitamiento económico de los medios periodísticos, dijo:

“Cuando la independencia económica de los medios de comunicación está en riesgo, también está en riesgo su independencia editorial: en tiempos de incertidumbre económica, los medios son más vulnerables a la compra por parte de los gobiernos, a los barones de los medios de comunicación y a las interferencias de los anunciantes, lo que supone una amenaza a la integridad editorial y el papel de los medios independientes como servicio público.”

Finalmente, el público no está ajeno al tipo de evaluación hecho por FOPEA, y el Índice de Desinformación.

Una encuesta al público hecho por la Universidad de San Isidro, entregado en los últimos días del primer semestre de 2021, dio una respuesta muy llamativa:

Preguntado si el periodismo es una institución confiable, respondieron:

58% dijeron que periodismo tradicional (diarios, revistas, radios, tv) – no era confiable.

71% respondieron que periodismo digital no era confiable.

Ahora, hay que ver que es lo que entiende el público como sitio de noticias digital.

Saque una foto en una radio de Corrientes unos años atrás. Fue el saludo que recibieron por el Día del Periodista por parte la Sala Cinco de un colegio de esa zona. Para representar al periodismo, uso los iconos de plataformas y redes. ¿Cuáles?

Facebook, YouTube, WhatsApp, Google y la Televisión, y este último sirve solamente para mostrar que todavía hay un medio tradicional que tiene vigencia con los jóvenes.

Con relación a los otros, son la contracara de la situación. Las redes sociales y plataformas gozan de una vida vibrante, desenfrenada, de abundancia económica y de hasta casi absoluto descontrol, con relación al bien común, o de casi total control, dependiendo en que país estas. Con ellos, lo publicitario está bastante bien ordenado.

El ciudadano del desierto de noticias, frente al vacío de datos que reflejan su realidad, es asaltado por un sinfín de operaciones, ocultas o hechas a la luz del día, por intereses con algún objetivo, que muy probablemente no es del bien común. La mentira, muchas veces es cómplice de estas operaciones, que pueden tener un fin económico, o de poder político.

A través de los años la mentira ha sido super eficiente en lograr su objetivo. Ya en 1710, el autor irlandés de Los Viajes de Gulliver, Jonathan Swift, escribió un comentario sobre las mentiras en la política:

“La falsedad vuela, y la verdad viene cojeando tras ella, de modo que cuando los hombres llegan a ser desengañados, ya es demasiado tarde; la broma ha terminado, y el cuento ha surtido efecto”.

Un poco más de tres siglos después, investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), comprobaron que Swift tenía razón, por lo menos en Twitter. Un estudio mostró que era 70 por ciento más probable que un tuitero retuitea una falsedad que una verdad, y que esto era particularmente cierto para discurso político.

“Las personas son más propensas a diseminar información insólita y sorprendente, lo que favorece la diseminación de falsedades por sobre la verdad,” señalaron los investigadores.

Indudablemente, mentir es un arma poderosa, algo no perdido en la clase política. Quizás por eso Donald Trump lo hizo más de 30,000 veces durante sus 4 años como presidente, logrando una presencia mediática tremenda.

Cecilia Mosto, de CIO Investigación, realizó un estudio para FOPEA sobre los hábitos de consumo de información digital por parte de los argentinos.

Entre los resultados del estudio, era que el 83% consume noticias diariamente y por eso se sienten muy informados. Pero, aunque 75% califican a las redes sociales como “poco o nada confiables”, 66% usan los mismos como su principal fuente de información.

Así, en resumen, la situación es esta:

Muchas zonas del país sin periodismo

Un periodismo muy cuestionando en gran parte del país

Un ecosistema digital, vibrante, plagado por desinformación, propaganda, mentiras, rumores, chismes, operaciones políticas y comerciales

Poca capacidad y ayuda para distinguir entre la información posta, y todo lo demás

Con un ecosistema digital así, es muy difícil separar la verdad de la mentira.

La filósofa Hannah Arendt estudió cómo las sociedades caen en manos de sistemas totalitarios. En una entrevista en 1978, dijo:

“Si todos te mienten todo el tiempo, la consecuencia no es que les des credibilidad a las mentiras, sino que nadie da crédito más a nada…. Y un pueblo que no puede dar nada como cierto no puede definir lo que piensa. Se le priva no solamente de su capacidad para actuar, sino también de su capacidad para pensar y juzgar. Y con ese pueblo luego se puede hacer lo que te de las ganas”.

Que se puede hacer frente a esta situación:

No hay una bala mágica. Pero hay acciones que están siendo evaluadas e implementadas. Incluyen estas y la verdad, no hay nada potente resuelto.

Creo que primero es seguir visibilizando el problema. Si no lo entendemos como problema, no lo vamos a solucionar.

Luego, hay acciones individuales. Que cada uno compre una suscripción u membresía a un medio que merece su confianza. Sería el mejor remedio.

Mucho lo hacen con Netflix, Spotify, Flow, pero no con algo tan importante como las noticias. Lo digo, pero sé que es una sugerencia medio fatalista ya que solamente ha funcionado en forma limitada a nivel mundial.

Lamentablemente, esta situación tiene lógica. Los sitios de noticias en la primera época de Internet no cobraron por su contenido, y la gente se acostumbró a no pagar.

Los sitios apostaron por un modelo de negocios basado en el dinero de publicidad, y eso desapareció. Ahora, es más difícil pedir a la gente que pague, pero es necesario.

Luego, hay la alfabetización digital y transparencia. El público debería poder saber lo que está consumiendo – distinguir entre informaciones que son resultado de esfuerzos profesionales a veces muy costosos, de los rumores, desinformación, operaciones, etc. Saber distinguir es algo que debe ser incluido en los sistemas de educación, complementado por otros esfuerzos de alfabetización digital público.

Los medios también tienen un rol que hasta ahora cumplen con muchas deficiencias. Deben ser, y parecer, periodismo. Deben explicar cómo y con qué hacen su trabajo, y someterse al cuestionamiento de sus audiencias, en base a criterios claros y compartidos – una especie de contrato del medio con su audiencia. Deben darle al público la información necesaria para distinguir lo que hacen del periodismo. Esto es lo que representa la transparencia.

Combinado con transparencia, hace falta usar Inteligencia Artificial para dar visibilidad a los medios periodísticos

La publicidad y muchas plataformas tienen una lógica perversa. Lo que genera más paginas vistas, genera más ingresos y es, por eso, más favorecido. Y hemos visto anteriormente, que la mentira, combinada con el odio y las emociones fuertes, son los contenidos que son más exitosos en estos cometidos. Por eso las plataformas y redes tienen un incentivo para promocionar estos contenidos nocivos para la sociedad.

Mucho del contenido noticioso que es generado, se pierde en el pantano de información en redes.

Por eso hace falta combinar la transparencia de los medios, con Inteligencia Artificial para visibilizar a contenidos noticiosos auténticos, o por lo menos colocarlos en un espacio seguro.

Hace falta dinero, pero sin amenazar la independencia de los medios

Hay distintas formas de acercarles dinero a los medios. Por ejemplo, yo tengo una suscripción a un sitio de periodismo de investigación, ProPublica, un ente sin fines de lucro. Esa suscripción, es visto como una donación en Estados Unidos, y lo puedo deducir contra mis impuestos allí. En el entorno público, esta solución es ideal ya que es cada persona, sin intermediarios, que decide donde colocar su apoyo.

Pero luego llegó una propuesta más radical – la de darle a cada ciudadano un crédito de $250 por año contra sus impuestos, para uso en la compra de suscripciones, y también un crédito de $5.000 al año para anunciantes, para gastar en medios locales en forma directa. Se materializó esta propuesta el año pasado y está avanzando lentamente en el congreso.

Otra forma de ayudar a los medios noticiosos a financiarse sería la de obligar a las grandes redes sociales, a retribuir a estos en forma más directa, y en mayor medida de lo actual, por lo que ellos ganan vinculado a los contenidos periodísticos. Ha habido acuerdos en algunos países, y peleas fuertes en otros, como Australia, sobre este tema.

La Asociación de Empresas Periodísticas de Argentina (ADEPA), ha expresado interés en este tipo de arreglo.

Luego, está el tema espinoso del apoyo estatal.

Recibir dinero del estado es muy problemático, particularmente en países que confunden el estado, como institución que debería ser apartidaria, con el gobierno de turno. En Argentina, esta confusión sobre el rol del estado se ve en los medios públicos, y en el abuso que se hace de publicidad oficial en los distintos niveles de gobierno.

FOPEA, para intentar sortear esto, hace poco propuso que un porcentaje de contratos públicos con terceros sea destinado a los medios, a cambio de espacio para dar información sobre la obra en cuestión. Es similar en algunos aspectos al canon que cobra el estado británico para financiar a la BBC.

De todos modos, algunos afirman que el problema de fondo es que la gente, por la razón que sea, perdió interés o apetito por las noticias locales – y que, si el periodismo no logra reestablecer una relación con su público, todo lo que se haga será en vano.

Texto de un discurso dado a fines de junio en la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación con motivo de la Semana del Periodismo, en conmemoración del Día del Periodista.


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