La Rusia invencible de Putin invade Ucrania
Las necesidades de la industria militar heredada de la ex Unión Soviética, es uno de los elementos a tener en cuenta en esta invasión de Ucrania.
Jennifer P. Olivera
6 de marzo de 2022
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La fecha arbitraria del comienzo de un nuevo año nos obliga a responder preguntas esenciales: ¿Qué queremos seguir haciendo? ¿Qué queremos empezar a hacer? ¿Qué queremos dejar de hacer? 

“Realmente el hombre es el rey de las bestias,

porque su brutalidad excede la de ellas.”

Leonardo Da Vinci.

La guerra entre Ucrania y Rusia ha tomado por sorpresa a la mayoría, quienes se han indignado frente a la ocurrencia rusa de tomar un territorio soberano, ocasionando una escalada de tensión en el mundo y provocando pánico en los mercados financieros. Sin embargo, el conflicto viene de larga data.

Allá por el año 2018, el presidente ruso, Vladimir Putin, brindaba un discurso elocuente, contundente y claro: Rusia ostentaba, hasta ese momento, capacidades armamentísticas que la hacían invencible frente al resto.    

El mensaje fue recogido con disgusto y molestia por la comunidad internacional, quiénes incluso, acusaron a Putin de querer generar una nueva carrera armamentista frente a un nuevo escenario de Guerra Fría. Allí, frente a la Asamblea Federal, Putin anunciaba a los suyos y al mundo, sus seis armas más poderosas, las estrellas de su arsenal militar, como escribí en su momento.

¿Pero que motivos podría tener Rusia para desarrollar un programa de armamento militar tan complejo, y asegurarse de que el mundo lo supiera? La respuesta en si es bastante sencilla. Su objetivo, fue, es y será, como lo ha repetido hasta el hartazgo, defender la integridad del país y sus intereses.

Por un lado, la descomposición de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) provocó la pérdida de territorios considerados como propios por Rusia, uno de ellos fue Ucrania, que logró consolidarse como Estado independiente. Una gran pérdida si tenemos en cuenta que, Ucrania había llegado a ser uno de los territorios más importantes de la URSS por su gran industria y materia prima. La misma Ucrania, debido a distintos procesos sucedidos, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, quedó dividida frente a su sentido de pertenencia con respecto a la URSS o la necesidad de ser una nación propia. Es ese el motivo por el cuál vemos en las noticias que existen quienes apoyan y quienes repudian.

El panorama es complejo, y tal vez nos es, a nosotros los latinoamericanos, un poco ajeno, por nuestra propia historia y cultura. Pero al estudiar la historia del mundo antiguo, con sus monarquías, zares, revoluciones, y múltiples guerras sangrientas, podemos observar que no existen los héroes ni los villanos, como en las películas, sino intereses demasiado fuertes que a veces son imposibles de conciliar, y Estados poderosos que gustan de hacer cumplir su voluntad. Cómo dijo Tucídides, “las naciones grandes hacen lo que quieren, mientras que las naciones pequeñas aceptan lo que deben”. 

Exhibición del poderío militar ruso.

Entonces, la guerra que hoy nos escandaliza, encuentra sus orígenes en un momento histórico en el cuál la mayoría de nosotros no vivimos, pero que las generaciones pasadas se han encargado de imprimir en la mente de los más jóvenes, y convertirla en una causa propia.

Así, podemos decir que la necesidad de restablecer una idea romántica del pasado es uno de los motivos que impulsa las acciones de hoy. Pero no es la única.

Otro motivo de discordia es la OTAN. Organismo creado en 1949 como alianza que se comprometía a defenderse mutuamente en caso de agresión armada contra cualquiera de sus estados aliados, y cuyo enemigo público era Rusia. Pero desde 1949, hasta la fecha, la OTAN ha crecido considerablemente en fuerza y recursos y se ha transformado cada vez más en una amenaza para Rusia. Sobre todo, con la tentativa de Ucrania de incorporarse a la alianza. Para Rusia, este suceso activa todas sus alarmas, obligándola a tomar una acción contundente y sin miras de mostrarse vacilante. Desde entonces, las tensiones entre las partes no han hecho más que aumentar. En 2014, una fuerte crisis interna se desató en Ucrania y Putin anexó la península de Crimea y patrocinó el levantamiento en las provincias fronterizas de Donetsk y Lugansk. Una zona que, desde entonces, es considerado como zona de conflicto armado. Toda esta situación, fue incrementando la presión hasta llegar a donde estamos ahora. Con una Rusia que movilizó más de 70 mil soldados a su frontera, escalando la tensión con EE.UU. y que posteriormente declaró la guerra a su país vecino. 

Pero esto no es todo. Para las potencias (EE.UU., Rusia, China) la persecución de una justificación para su programa militar siempre viene arraigada en la amenaza de un enemigo inminente y especifico. Siempre tiene que haber un villano.  Y en lo que a la relación bilateral Estados Unidos – Rusia se refierecontinúa en vigor la dinámica de Guerra Fría.

En parte, la dinámica amigo/enemigo les es funcional a ambos, pero también es cierto que el recelo entre ambas naciones permanece vigente, aún hasta nuestros días, incluso hoy más que nunca.  Y específicamente, los programas que Rusia se encuentra desarrollando, son en función a una amenaza concreta, real o virtual, que esta imagen de amigo/enemigo ayudó a construir a través de los años.

Pero al mismo tiempo, existe otra verdad, y es que la industria militar se alimenta de esta dinámica creando demanda.

Michael Kofman, un investigador científico sénior especializado en asuntos militares rusos del Centro de Análisis Navales sugirió en una entrevista, que casi la mitad del impulso de los nuevos proyectos como el Status-6 y el misil de crucero nuclear ruso, provienen de la misma necesidad de la industria militar, con el objetivo de alimentar a los talentos que allí se encuentran y no socavar las capacidades de dicha industria.

Por otro lado, se observa la simpatía a la hora de financiar programas de este estilo, a pesar de que al común denominador nos pueda parecer innecesario o demasiado costoso como para, incluso, llegar a justificar su uso.

Un caso claro es el Status- 6, cuya devastación acarrea una destrucción simultánea, al detonar su carga nuclear de 100 megatones de potencia y ocasionar un tsunami radioactivo que deja inhabitable el área por hasta 100 años. El uso de un arma de estas características implicaría ser dueño de un temple de acero.

Imagen satelital del enorme convoy de las fuerzas rusas que ocupó un largo de casi 60 kilómetros y entró por la frontera de Ucrania con Bielorrusia.

Pero tratándose del caso ruso en particular, existe otra causa que se encuentra en la naturaleza misma de la industria de defensa, y es que todavía arrastra la herencia soviética. La industria militar rusa solía ser el bastión de la economía en los tiempos de la URSS y ha sido una de las tareas más difíciles para la administración de Putin, quién ha repetido incansablemente, que la industria militar rusa debe ser menos especializada y comenzar a diversificarse a otros rubros para no sufrir la dependencia de los contratos supeditados al presupuesto de defensa.

Sin contratos de defensa, la mayoría de las empresas se verían forzadas a cerrar, dejando a miles de personas sin empleo provocando un aumento en la tasa de desempleo, y una reducción del PBI.  Es por ello por lo que, sin encontrarse aún erradicado el problema, los contratos de defensa son visualizados como un medio para mantener las fábricas militares abiertas y la economía nacional próspera. Lo mismo sucede con el complejo militar industrial estadounidense. Se necesita un enemigo que justifique el gasto descomunal que se le otorga a la Defensa, año tras año.  

El avance de la OTAN, en los últimos años, ha dejado en jaque a Rusia y lo ha obligado a tomar la decisión de avanzar sobre sus ambiciones. No hay héroes ni villanos, hay poderosos y débiles. Y déjenme decirles que no hay nada más hipócrita y cruel, que la política internacional. Pues lo único que predomina son los intereses propios de cada país, que están supeditados al líder de turno y su temperamento. Y cierro esta nota, con la famosa frase de Bernhard von Bülow, “En esta dura tierra, hay que ser martillo o yunque”.

Jennifer P. Olivera

Analista internacional y consultora en comunicación política.

@jpoconsultora – jpo.analisis@gmail.com

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