Corriendo detrás del malón de la RAM
La Resistencia Ancestral Mapuche reivindica tierras que nunca fueron suyas. Se escuda detrás del exterminio de los pueblos originarios durante la Conquista del Desierto. Se apoderan de "tierras robadas" y rechazan cualquier reparación histórica. La Historia pone los hechos en su contexto.
Daniel Capalbo
26 de octubre de 2021

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Bajo la vista gorda del Presidente de la Nación, el profesor de derecho Alberto Fernández, y el ruidoso silencio de Cristina Fernández, una vicepresidenta en busca de su absolución histórica, el llamado conflicto mapuche vino a tensar aún más el clima de un gobierno atomizado e inerme frente a una crisis económica en pleno desarrollo, sumergido en el abismo del descrédito y en vísperas de una elección crucial.

Sólo en los primeros quince días del mes de octubre tres atentados incendiarios destruyeron puestos oficiales y entidades comunitarias en la Comarca Andina. Dos de ellos fueron reivindicados por grupos violentos de pertenencia supuestamente mapuche enrolados en la RAM (Resistencia Ancentral Mapuche), brazo armado de quienes enarbolan desde hace diez años el reclamo de las tierras “robadas (en realidad, conquistadas) por el blanco” allá lejos y hace tiempo, a partir de la Campaña del Desierto iniciada en 1879 por el entonces general Alejo Julio Argentino Roca, un hábil tucumano que se ganó el apodo de Zorro debido a su singular picardía política.

El fuego, las capuchas, las piedras, la clandestinidad y el amedrentamiento son hasta ahora las armas usadas por este “pueblo” mapuche que no tiene reconocimiento jurídico del Estado, a diferencia de más de un centenar de pacíficas y laboriosas comunidades de origen probado. Primero fue el incendio intencional que destruyó una parte del Centro de Informes Turísticos de El Bolsón. Luego se registró otro en instalaciones de Vialidad Rionegrina, ese mismo día en Bariloche. El tercer ataque fue contra el Club Andino Piltriquitrón, referente social y deportivo de la localidad de El Bolsón, provincia de Río Negro. Todavía el atentado no lleva la firma de ninguna organización, aunque por el modus operandi se adivina la mano pirómana de la RAM. “Beneton. Lewis. Arabela. Pogliano, el agua y la tierra no se venden, se defiende”, se podía leer en un volante-declaración de principios hallado tras el ataque, hecho con letras recortadas de revistas.

Las comunidades autopercibidas como mapuches de la región de El Bolsón usurparon tierras que sus ancestros nunca habitaron.

¿De quienes hablan?

Beneton: se refiere a la familia de industriales italianos dedicados a la indumentaria y la moda, básicamente, pero con sólidas ramificaciones en el mundo financiero. Carlo Benetton, uno de los hermanos dueños del imperio, solía pasar largos veranos sureños, hasta su muerte en 2018, en alguna parte de las 900.000 hectáreas patagónicas que le pertenecían. Los Benetton se convirtieron en los más grandes terratenientes de la Patagonia entre el Río Negro y el Cabo de Hornos.

Lewis: Alude a Joseph Lewis, el magnate británico dueño de una fortuna calculada de unos 6.000 millones de dólares y propietario de un extenso paraíso recostado sobre el Lago Escondido. Obviamente, el lago no le pertenece. De todos modos selló los accesos al espejo de aguas y con ello desató una batalla judicial al final en la cual el Estado argentino se impuso. A pesar de eso, Lewis mantiene patrullado los accesos al Lago con una policía personal armada al solo efecto de impedir el tránsito no deseado en sus tierras. Todo lo cual no le ha restado a su fama de buen anfitrión. El expresidente Mauricio Macri puede dar fe de ello ya que fue varias veces huésped de Lewis en su casona, justamente al borde del Lago Escondido.

Arabela: Se trata de Arabela Marisa Carreras, gobernadora de Río Negro por el sello político -hasta ahora aliado al kirchnerismo en el Senado- Juntos Somos Río Negro, fundado por el ex gobernador y actual senador Alberto Weretilnek. La gobernadora, tras los ataques mapuches, comenzó a alzar su voz y el volumen crítico hacia el gobierno del profesor Fernández por la pasividad oficial frente al asedio “mapuche” contra los vecinos de Villa Mascardi, que incluyeron malones incendiarios dirigidos a propiedades privadas y albergues turísticos, y cortes de rutas con cobro de peajes revolucionarios incluidos. Alentados, dicen en Bariloche, por los ex montoneros Fernando Vaca Narvaja -con lazos de familia que lo unen a la Vicepresidenta- y Roberto Cirilo Perdía, ambos sobrevivientes de la lucha armada de los setenta. E indultados por Carlos Menem en 1989.

La gobernadora Carreras -quien en las elecciones que la consagraron mandataria provincial se impuso al kirchnerista Martín Soria, actual ministro de Justicia y Derechos Humanos- se vio envuelta en una polémica institucional al exigir al presidente de la Nación el apoyo de fuerzas federales para reprimir y controlar los ataques de la RAM en la Comarca Andina. El Presidente le respondió que NO, que arme una fuerza especial de policía local -que la constitución provincial habilita- ya que no podía destinar más que unos pocos efectivos para patrullar la zona. Que lo hacía de onda, para colaborar. Y que, en definitiva, se trataba de un conflicto regional. La única voz oficial disonante fue la del ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, patagónico de Santa Cruz por adopción, el médico militar Sergio Berni, quien abiertamente consideró a los RAM como una banda de terroristas sin control a la que hay que enfrentar. Berni, vale la pena señalar, es un soldado todo terreno de Cristina Kirchner y sólo a ella a reporta.

Pogliano: Bruno Pogliano es el intendente de El Bolsón, también de JSRN, y líder oficioso de una liga de intendentes rionegrinos en busca de proyección política nacional, enfrentado a partir de los hechos de terrorismo RAM con el laissez faire impulsado por el gobierno nacional. Los mapuches en conflicto acusan a Pogliano de trabajar desde un estudio de contador -que le pertenecería- nada menos que llevando las cuentas locales de Lewis.

Pogliano además enfrenta una nueva toma de tierras a manos de los mapuches en las cercanías del pueblo: se trata de la comunidad Quemquemtreu, que ocupó un terreno en Cuesta del Ternero, en el área rural de El Bolsón.

Oficiales del ejército argentino al mando del general Roca durante la Campaña al Desierto.

Qué quieren, quiénes son

El exsenador menemista, duahldista, nestorista y cristinista, excandidato a vicepresidente acompañando a Mauricio Macri en la fórmula de 2019 y actual referente de la coalición opositora Juntos por el Cambio, Miguel Ángel Pichetto, es bonaerense por nacimiento y rionegrino por elección. En esa provincia desarrolló toda su vida política, que lo llevó a ser intendente de Sierra Grande, diputado y senador, como se vio, condenado al oficialismo. Lo fue hasta que se permitió renunciar al corset peronista cansado de defender lo indefendible por disciplina partidaria. Es de ADN patagónico y, como se verá, enemigo de los eufemismos.

“La pregunta que nos debemos hacer es: ¿cuándo comenzarán a matar a todos aquellos que señalen como sus enemigos?”, escribió Pichetto en La Nación. Y explicó: “Estos sublevados facciosos se arrogan la representación de pueblos originarios”. “Los supuestos mapuches de hoy –continuó- dicen ser los herederos de un grupo de tribus indígenas que invadió y asoló nuestro territorio y que exterminó a los tehuelches, que era nuestro verdadero pueblo originario. Desde el siglo XIX, las tribus mapuches estaban al servicio de políticas de expansión territorial (chilenas) y ejercieron una brutal violencia contra colonos y fuerzas militares. El crimen, el robo y mil tropelías más eran su conducta, transformando el maloneo en un hecho heroico y épico, cuando en realidad lo que se intentaba era erosionar nuestra naciente economía y poner en duda nuestros derechos soberanos sobre territorios despoblados, pero que pertenecían a nuestro acervo como Nación”.

El senador Pichetto sigue escribiendo: “Hoy la ´revolución mapuche´ cuenta con el apoyo del kirchnerismo, de resabios de Montoneros, la izquierda ´boba´, algunos sectores de la Iglesia, sectores políticos marxistas y, como siempre ocurre, el de un conjunto de almas bellas y culposas, tanto del ámbito nacional como internacional. ¿Por qué la izquierda enarbola hoy la bandera indigenista? La respuesta es muy simple, porque ataca frontalmente la propiedad privada, enemiga esencial del comunismo, deslegitima la ley y el Estado desde su origen, proclamándolo usurpador y ladrón. En definitiva, lo que se busca es la disolución del poder nacional. Estos mapuches, que fueron originalmente funcionales a ciertas políticas chilenas, se han convertido en el principal problema que enfrenta nuestro Estado hermano.”

Efectivamente, el conflicto mapuche arranca con reivindicaciones indígenas del otro lado de la Cordillera. Su lucha tiene más años, más tradición y, si se quiere, más legitimidad: los mapuches son chilenos, son pueblo originario de ese país. En Chile reivindican con actos abiertamente terroristas su pertenencia y la propiedad de las regiones de la Araucanía y Bío Bío, colonizadas, como se sabe, por el Imperio Español. En Chile los mapuches “en guerra contra el blanco” responden a la organización foquista llamada Coordinadora Arauco Malleco (CAM) cuya réplica de este lado de la Cordillera de los Andes terminó por llamarse RAM. Ambas organizaciones apuntan a crear un estado dentro del Estado. Estos “mapuches” de dudoso origen, al menos los que actúan en la Argentina, se arrogan la representación de todas las comunidades indígenas y, según Pichetto, tuvieron entrenamiento militar e ideológico tanto de organizaciones como las FARC colombianas cuanto de enviados de Sendero Luminoso desde Perú.

Aunque claramente el impulso y desarrollo de la RAM están asociados a un nombre que ya es sinónimo de usurpación, violencia y celebridad: Facundo Jones Huala, el presunto mapuche que antes de serlo fue floger y evangelista y que hoy cumple prisión en Chile por acciones terroristas, a pesar del intento del canciller Santiago Cafiero de lograr su libertad condicional a partir de la defensa cerrada que en pleno juicio contra el preso ensayó el embajador argentino ante la corte de Temuco, el ex peronista revolucionario Rafael Bielsa.

Jones Huala propone la lucha armada para recuperar tierras ancestrales arrebatadas en la Conquista del Desierto a fines del siglo XIX. Habla de socialismo indígena y del fin de la propiedad privada. Su discurso revolucionario, una sucesión de slogans recitados, abraza la idea del separatismo. “Venimos a reivindicar la acción de sabotaje realizada en la noche del 3 de octubre en inmediaciones del camino al cerro Catedral”, expresó la RAM a través de un comunicado de prensa que fue remitido a los medios de comunicación tras el ataque al campamento de Vialidad.” ¿La razón? Porque “presta servicio a la industria turística de la clase alta, la burguesía de Bariloche y es financiado por grandes capitalistas y con respaldo del poder político”.

En otro documento, la RAM sostiene que “la Resistencia Ancestral Mapuche más que una organización formal de corte occidental, es un nivel de conciencia y compromiso revolucionario por la liberación de nuestro Pueblo Nación”. Rechazamos la idea de alcanzar acuerdos negociados “porque creemos que no están dadas las condiciones como pueblo para ello, sino que debemos seguir acumulando fuerzas en la confrontación, creciendo en experiencia combatiente”. La RAM opera en las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut, básicamente, y en cada lugar promueve la lucha insurreccional contra el Estado argentino y sus leyes, que considera ilegítimos.

Antiguo mapa de la República Argentina con la distribución de territorio de acuerdo a los diferentes pueblos originarios.

El líder de la organización nació en Bariloche en 1986. Tiene cinco hermanos -menores- y es hijo de María Isabel y Ramón Eloy Jones Huala, un hombre ligado a los caballos de carrera que hoy trabajaría -según tradición oral sureña- en un haras de Cristóbal López, zar del petróleo, la hotelería y el juego, vinculado a los negocios de la familia Kirchner. E inquilino por varios años de dos pisos que en el Madero Center son propiedad de Cristina Fernández. El apellido Jones deriva de una rama de la familia oriunda de Gales, Gran Bretaña, y el apellido Huala, de antepasados mapuches.

Como sea, Facundo Jones Huala se reveló al mundo como un adolescente violento cuando fue preso en los días del estallido social de la crisis de 2001 por protestar lanzando piedras con una gomera. Una década más tarde creó la RAM, organización que según la define el propio Huala, está compuesta por “revolucionarios, anticapitalistas, antiimperialistas y antioligárquicos”. “Dicen no aspirar a la toma del poder del Estado huinca (blanco) sino a reconstruir un territorio autonómico con poder en las comunidades a través de los lof (unión de familias) entre su propia gente”, apunta el historiador revisionista Federico Addisi en un artículo publicado en la web NCN, Noticias del Congreso Nacional.

“En su ideario, o visión histórica del conflicto que lo tiene por protagonista -apunta Addisi-, Huala cree que la Conquista del Desierto no ha terminado y que por ello los mapuches no dejarán de luchar por su tierra. Si bien es consciente de que esto puede aumentar la represión de parte del Estado, no parece importarle demasiado ya que considera que se vive en un clima de persecución política donde el Gobierno es títere de las empresas trasnacionales como Benetton, Lewis y otras”.

“En su retórica habla de sufrimiento; de una invasión y colonización forzada. Sostiene que fueron obligados a nacionalidades ajenas, ser argentinos o chilenos, cristianizarse, asumir formas culturales ajenas y luego ser mano de obra barata del colono rico, de los terratenientes, y ahora de las empresas extractivas”, subraya Addisi como argumentación sustantiva en el discurso de Jones Huala, quien “solo alienta la rebelión contra el `robo del territorio´ patagónico y no una solución por la vía pacífica y democrática basada en acuerdos y el diálogo”.

Es que la historia le viene como anillo al dedo.

Comunidad Tehuelche junto a uno de los indios que acompañaron al ejército argentino en su lucha contra los mapuches.

Exterminio y expansión de la frontera interna

En septiembre de 1878, Roca, en contraste con su antecesor en el cargo de ministro de Guerra, Adolfo Alsina, que había intentado integrar al indio a la cultura occidental por la vía de acuerdos, dirige un mensaje inequívoco al Congreso Nacional: planteó, como consigna fatal y para dar la batalla final contra el indígena, una política de “absorción y asimilación”. Que no era otra cosa que una acción de exterminio y deportación. En ese momento el indio, el ranquel de las pampas o el tehuelche y mapuche al sur del rio Colorado, representaban una amenaza para el incipiente desarrollo económico de un país vacío pero dinamizado por la mano de colonos europeos.

“Tenemos seis mil soldados armados con los últimos inventos modernos de la guerra, para oponerlos a dos mil indios que no tienen otra defensa que la dispersión ni otras armas que la lanza primitiva”, proclamó Roca y propuso un proyecto de ley para ocupar todo el territorio hasta los ríos Negro y Neuquén en dos años. “La presencia del indio impide el acceso al inmigrante que quiere trabajar -explicó-. Vamos a establecer una línea de fronteras previo sometimiento o desalojo de los indios bárbaros de la pampa”.

El presidente Nicolás Avellaneda apoyó el proyecto de Roca. Era una cuestión de política internacional, también. Avellaneda temía la ocupación y conquista de esos territorios por parte del ejército chileno. A lo largo del año 1878, las tropas del ejército argentino armadas con los entonces sofisticados fusiles Remigton –los más avanzados de la industria bélica de ese momento-, lanzaron ofensivas una y otra vez sobre las posiciones indígenas, causando centenares de bajas a las fuerzas de Namuncurá y la captura de los temidos caciques ranqueles Pincén, Catriel y Epumer. Unos 4.000 indígenas —en su mayoría mujeres y niños— también fueron capturados en estas campañas.

En abril de 1879 se lanzó el ataque final: cinco divisiones que sumaban 6.000 hombres avanzaron hacia el río Negro. Fue un éxito militar. El ministro Roca festejó el 25 de Mayo en la isla Choele Choel. El ejército de Roca había logrado resonantes victorias, pero no eran triunfos sobre los tehuelches originarios de la zona sino sobre avanzadas mapuches que ya habían exterminado, con la ayuda de una epidemia de viruela, a buena parte de los tehuelches que se extendieron por cientos de años sobre las actuales provincia de Río Negro, Chubut y Santa Cruz. De acuerdo con la Memoria presentada por Roca al cabo del primer año de la Campaña, “1.313 indios de lanza resultaron muertos y 1.271 tomados prisioneros; cinco caciques principales fueron tomados prisioneros y uno fue muerto; 10.513 indios de chusma —mujeres y niños— fueron tomados prisioneros, y otros 1.049 fueron reducidos”.

Las cifras resultaron bastante incomprobables. Las crónicas de la época, por ejemplo las del diario La Nación, informaban que se habían tomado como prisioneros “a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros”. La Nación apoyaba la expansión territorial toda vez que abría un mundo de negocios incalculables en términos de explotación ganadera, especulación inmobiliaria, minería y pesca, todas promesas de un futuro dorado; sin embargo, no dejaba de registrar las terribles escenas que rodeaban la deportación de los vencidos. 

El 21 de enero de 1879 lo contó así: “Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”.

El fulminante éxito de la Campaña del Desierto no se explica solo por la superioridad técnica atribuida a la compra de los famosos fusiles Remignton por parte de la administración Avellaneda. Es probable que se haya sobreestimado el número de mapuches en la región conquistada, que se estimaba en 30 mil al inicio (15 mil calculaba el ejército). Lo cierto es que muchos de ellos huyeron hacia la Cordillera o se dispersaron en la inmensidad de la estepa. En escasos dos años, la República Argentina sumó a su territorio una extensión incalculable, un territorio que iba desde el Río Negro hasta Tierra del Fuego prácticamente. El país sumaba varios millones de hectáreas de suelo virgen e inexplorado. Todo lo cual dio pie a la cuestión de la división y reparto de tierras que, junto a un subdesarrollo empedernido, tal vez puedan explicar por qué la Patagonia es todavía un páramo y a la vez un lugar para pocos.

Jones Huala durante el juicio, asesorado por actuales funcionarios del gobierno nacional.

El historiador y periodista Fernando Del Corro estudió el asunto y en su texto “Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata” desarrolla un cálculo donde advierte: “Estas enormes extensiones fueron adjudicadas a bajo precio, o directamente regaladas, a terratenientes y políticos influyentes. Ya antes de la operación militar habían sido asignadas las tierras a los nuevos propietarios mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas. Un total de diez millones de hectáreas fueron vendidas por el estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París. En 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878; como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera tal que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios, a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno”.

En el Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañó al Ejército Argentino en la primera etapa de la Conquista, sobre el saldo de la guerra contra el indio puede leerse: “Es evidente que, en una gran parte de las llanuras recién abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba”.

Lo dicho: la historia, al terrorismo y la lucha armada que intenta desplegar la RAM, le viene como anillo al dedo.

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