El hombre de la vacuna de oro
Cómo hizo Hugo Sigman para quedarse con las patentes farmacéuticas de la ex Unión Soviética que manejaba su suegro para el Partido Comunista Argentino y convertirse en el mecenas que nos trae el antídoto al Covid.
Gustavo Sierra
gustavohectorsierra@gmail.com
8 de septiembre de 2020

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“Mostrame la nota de tapa”. Escucho la voz con tono imperativo. Me doy vuelta y veo a un tipo de rulos canosos, bigote “a la Alberto”, un traje marrón claro brilloso y unos mocasines de gamuza con la hebilla clásica de Gucci. Mi desconcierto lo llevó a decirme “no te preocupes, mostrame la nota. Claudia y Gabriela me dijeron que la mirara”. Claudia Acuña y Gabriela Cerruti eran las directoras de la revista “Tres Puntos”. Yo que venía de vivir unos años en Washington y hacía unos pocos días que me había incorporado a la redacción. Nadie me había dicho nada, pero supuse que el tipo era importante y lo dejé ver la nota. Un rato más tarde, me explicaron: “es el dueño”. Hugo Sigman, el hombre de la dudosa elegancia que exultaba fortuna por sus poros, era el mecenas que Jacobo Timerman había encontrado para este emprendimiento –como David Graiver, cuando fundó La Opinión- y puso a su hijo Héctor (después canciller del gobierno de Cristina Kirchner) como director junto a Acuña y Cerruti. Sigman, como todo empresario, incluso en sus mecenazgos, cuida su dinero de muy cerca. En este caso, el que había invertido en la revista, para él una muy pequeña suma. Supuestamente no se podía meter con la línea editorial, pero enviaba mensajes, hacía visitas furtivas a la redacción e incluso, en un momento, se adjudicó ser “mejor periodista de los que tienen ahí”. Se refería a gente como Martín Caparrós o Marcelo Marcelo Zlotogwiazda. Hasta que dos años más tarde planteó diferencias irreconciliables y despidió primero a Acuña y Cerruti y unos días más tarde a Héctor Timerman. Sigman había pasado de “mecenas ocupado en sus innumerables negocios” a un obsesivo director en las sombras.

Esa es la impronta que Sigman impone en todos sus emprendimientos, la que lo le permitió acumular una fortuna que, según la revista Forbes, ronda los 2.000 millones de dólares, la que lo llevó a convertirse en uno de los empresarios farmacéuticos más destacados del mundo y en el hombre que promete vacunar a todos los argentinos con el antídoto al coronavirus. Un emprendimiento que organizó con el mexicano Carlos Slim, el más potentado de América Latina y dueño de una parte del New York Times, para competir en “la guerra de las vacunas”. En su planta de la biotécnológica mAbxience producirá la denominada “vacuna de Oxford” (desarrollada por un laboratorio de esa universidad británica junto a AstraZeneca). Tienen previsto proveer con más de 200 millones de dosis de la vacuna a todos los países de América Latina, excepto Brasil. En su recientemente inaugurado laboratorio de la localidad de Garín, en el norte del Gran Buenos Aires, realizará la producción del principio activo que, posteriormente, será enviado a México para completar su proceso de producción y llenado. De esta manera, Sigman se mete de lleno en la disputa por llegar primero a tener una vacuna efectiva contra el Covid. Una guerra que tiene a China y Estados Unidos en el frente de batalla –el que triunfe quedará en mejor posición para liderar la revolución científico-tecnológica de la tercera década del siglo XXI-, a la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un fiambre entre dos panes y a todo el mundo esperando para poder sacarse el barbijo y abrazar.

El origen de la fortuna de Sigman está en el famoso “Oro de Moscú”, el dinero que provenía de la Unión Soviética o se producía en forma independiente para solventar a los partidos comunistas de todo el mundo. En el caso del Partido Comunista Argentino (PCA), según escribió el fantástico Isidoro Gilbert, periodista fallecido, se creó una red de empresas manejadas por leales militantes que funcionó entre 1940 y 1977. Entre los empresarios que formaron el “Directorio” que controló las compañías –que incluyó a la embotelladora local de la Coca-Cola- estaba Roberto “el negro” Gold, el suegro de Sigman. Se trata de un Doctor en Farmacia que comenzó con una pequeña botica en Valentín Alsina y que en 1959 adquirió el laboratorio Chemotécnica Sintyal, que había sido creado en 1943. Obviamente, no hay documentos que lo puedan probar, pero se entiende que los capitales para adquirir la empresa provenían del PCA y que una buena parte de sus ganancias retornaban a su origen. Este y otros laboratorios producían medicinas con licencia de empresas relacionadas con el Kremlin de la Unión Soviética y Checoslovaquia. El Directorio estaba bajo la supervisión directa del secretario general del partido, Victorio Codovilla, y el principal economista era José Ber Gelbard, un afiliado secreto del PCA que fue ministro de Economía del tercer gobierno de Juan Domingo Perón y presidente de la Confederación General Económica (CGE). Con la desbandada generalizada de los militantes de todas las tendencias desde el centro hacia la izquierda tras el golpe de Estado de 1976, Gold se exilió en Barcelona. Hasta allí lo siguieron su hija, Silvia y su esposo, Hugo.

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Hugo Sigman y su esposa Silvia Gold

Sigman, era un joven siquiatra porteño, nacido el 1 de enero de 1944. Estudió medicina en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó en 1969, y sicología en la Escuela Social de Enrique Pichon Riviére. En esa época de estudiante es cuando conoció a Silvia Gold, que cursaba la carrera de Bioquímica, los dos militaban en la agrupación universitaria del Partido Comunista. En 1970, comenzó su carrera como residente en el Servicio de Psiquiatría del Policlínico de Lanús. Allí trabajaba un grupo de profesionales dirigidos por el profesor Mauricio Goldenberg que pusieron en práctica los métodos más avanzados en el tratamiento de la salud mental. Cuatro años después llegó a ser director de la Unidad de Emergencias Psiquiátricas del mismo hospital. Con el golpe del 76, como tantas otras cosas en Argentina, los siquiatras del hospital comenzaron a ser perseguidos y algunos desaparecieron. Sigman partió al exilio con su mujer y sus dos hijos. Claro que no tuvo las dificultades de la mayoría de los otros exiliados latinoamericanos. Se instaló en Barcelona, donde su suegro ya se había establecido como dueño de un laboratorio, siempre con relaciones con la Unión Soviética. Para ese entonces, tenía dos hijos Mariano y Leandro, que nacieron en Argentina y el tercero en camino, Lucas, que nació en Barcelona.

Con las conexiones de Roberto Gold, apenas llegó comenzó a colaborar con el profesor Obiols que, poco después, fue nombrado decano de la facultad de Medicina y, luego, rector de la Universidad de Barcelona. Y se lo llevó a trabajar a su clínica privada. En esa época, los sicólogos y siquiatras argentinos estaban mucho mejor formados que los españoles y la mayoría tuvo éxito. Sigman decidió formarse para hacer negocios y fue a hacer una maestría en dirección de empresas en ESADE. Era el paso que necesitaba para que Gold le propusiera un negocio propio: la compraventa de materias primas para la industria farmacéutica. Creó junto a Silvia, Chemonace, que pronto comenzó a proveer de insumos a los laboratorios de Gold en España y Argentina y a muchos otros de América Latina. “Teníamos una ventaja comparativa. Hasta entonces, ese trabajo lo hacían comerciantes que nada sabían de la parte científica. Nosotros éramos profesionales que buscábamos desarrollar nuevos productos que creíamos que podrían tener posibilidades científicas. Nos adelantábamos a las necesidades”, contó Sigman en el libro “Los que dejan huella: 20 historias de éxito empresarial”.

El golpe de suerte lo tuvieron apenas un año más tarde cuando Italia adoptó una ley de patentes. En esa época Italia el gran suministrador mundial de materias primas para la industria farmacéutica: no había industria en India ni en China. Fue cuando España se convirtió en la nueva proveedora. Con la habilidad para encontrar nuevos desarrollos, Chemonace –o Chemo, como pasó a denominarse- se convirtió pronto en una de las empresas farmacéuticas proveedoras de insumos más grande de Europa. Como siempre, todo estuvo basado en las conexiones de Roberto Gold. Sus relaciones en Moscú le dieron a Sigman acceso a laboratorios de Cuba, China y la Unión Soviética. A su vez, Chemo operaba sobre los vacíos legales de una Europa que se unificaba muy lentamente, como más adelante también hará con los laboratorios chinos y del ex-bloque soviético.

Ese mismo vacío legal es el que encontró Sigman cuando regresó del exilio en 1982. Los laboratorios argentinos, en ese entonces, se negaban a pagar por el uso de fórmulas extranjeras. Recién en 1995 fue aprobada una ley de patentes que no entró en vigencia hasta cinco años más tarde por la presión de la industria farmacéutica. Se asoció con la familia Sielecki, dueña de laboratorios Phoenix, y al resto de la familia Gold, que seguían teniendo el control de Sintyal, para comprar Elea, una empresa especializada en productos hormonales de alta complejidad, que desde entonces es proveedora de grandes multinacionales como Merck, Pfizer y AstraZeneca. Manuel Sielecki era un inmigrante polaco que había llegado sólo a Buenos Aires a los 16 años. En 1939 fundó los laboratorios Phoenix. Fue el primer importador de penicilina y de la vacuna contra la poliomielitis en Argentina.

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Sigman escucha al presidente Alberto Fernández en la inauguración de su laboratorio.

La caída de la Unión Soviética fue la gran oportunidad para el conglomerado de Gold y Sigman. Las empresas manejadas por el Partido Comunista Argentino quedaron a la deriva y la mayoría de los que estaban al frente, no sólo en Argentina sino en el mundo, se apropiaron de ellas. Los negocios y los contactos pasaron a ser parte de los “dueños” y ya nada tenían que aportar a las finanzas del partido. Es así como se convirtieron en propietarios de un laboratorio importante de Siberia e intereses en otras empresas de lo que había sido hasta entonces “la órbita soviética”. En 1998 murió Roberto Gold y todo el conglomerado pasó a las manos de Silvia Gold y Hugo Sigman.

La campaña contra la aftosa de 1994 fue la siguiente oportunidad del grupo, según cuentan Alejandro Galliano y Hernán Vanoli en su libro “Los dueños del futuro”. La fiebre aftosa asolaba al ganado de la región desde principios del siglo XX, con grandes epidemias locales en 1942 y 1966. A fines de los años 70 se optó por reemplazar las vacunas tradicionales por otras de tipo oleoso, que fueron obligatorias a partir de 1994. Para fabricar la nueva vacuna, los laboratorios debieron encarar una costosa reconversión. Chemotécnica Sintyal se fusionó con Biogénesis y formaron Biogénesis Sintyal, que pronto exportó la vacuna a toda la región. Para entonces, ya se había diversificado. “Habíamos comprado los chicles Adams, los caramelos Halls, y fabricábamos y vendíamos Marsen Argentina, productos cosméticos”, contó en una entrevista. En 2008, su foto comenzó a aparecer en la sección de Economía de los diarios cuando compró el 20 % de la segunda distribuidora de gas del país, Gas Natural Ban, por 56 millones de dólares. Mientras Silvia Gold mantuvo viva la Fundación Mundo Sano que había creado su padre, “una institución dedicada a la investigación práctica y aplicada de enfermedades tropicales desatendidas (ETDs). Nacida en 1993, Mundo Sano desarrolla y gestiona modelos de intervención, de colaboración público-privada, para integrar la investigación científica y el desarrollo social, transfiriendo la tecnología a las comunidades afectadas y a las áreas endémicas más vulnerables”, dice la página oficial. Desarrollan medicamentos como el Benznidazol contra el Mal de Chagas pero también los conecta con un sector de la producción farmacéutica donde abundan los buenos negocios. “En enero de 2012 la Fundación Bill y Melinda Gates convocó en Londres una reunión con el objetivo de disminuir la incidencia de las enfermedades olvidadas para el año 2020. Allí estaban la Organización Mundial de la Salud (OMS), varios organismos públicos de ayuda sanitaria, las 13 multinacionales farmacéuticas más grandes del mundo y Mundo Sano fue la única ONG que asistió. Bill Gates estuvo muy generoso, porque a los únicos a los que mencionó en su discurso de agradecimiento fue a mi mujer y a mí”, contó Sigman.

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Roberto “el negro” Gold, uno de los financistas del Partido Comunista Argentino, junto a su esposa Miriam Turjanski durante un viaje de negocios.

La expansión internacional de Sigman comenzó en 1986, cuando Chemo compró Química Sintética de España, una planta aprobada por la Food and Drug Administration de Estados Unidos, que le daba acceso al mercado de ese país. Poco después, el grupo empezó a operar en China, cuando recién se estaban poniendo en marcha las reformas económicas. Hicieron negocios extraordinarios. Con el nuevo siglo, vino la globalización de la compañía.

Entre 2003 y 2015 Chemo adquirió empresas farmacéuticas en Brasil, México, Rusia, Estados Unidos, Marruecos y Turquía, además de la formación de consorcios regionales como Altian (América Central), Ladee Pharma (Europa Central), Gold Pharma (China) y Exeltis (India), la marca que desde entonces engloba a toda la red de empresas y su centro de investigación, el Ladee Pharma Research Institute, centrado en la salud femenina.

Pero nunca descuidó el mercado local argentino, donde sus conexiones políticas con el kirchnerismo le permitieron colocarse al frente de la industria. Biogénesis Sintyal se fusionó con Bagó y nació Biogénesis Bagó, un enorme complejo de biotecnología y sanidad animal, habilitado para exportar antígenos a Europa y Estados Unidos. En 2009 la planta principal, con un predio de 10.000 metros cuadrados en Garín, al norte de la provincia de Buenos Aires, fue incluida entre los 300 lugares del mundo que el Departamento de Estado de Estados Unidos debía proteger de un ataque terrorista. En 2013 Biogénesis se asoció a la china Hile Biotechnology en una joint-venture que provee al gobierno chino de 90% de las vacunas antiaftosa. Ahora está promoviendo un enorme negocio a través de esa empresa. Quiere traer granjas de cerdos a la Argentina. China podría invertir 27.000 millones de dólares y la producción pasaría de 6 a 100 millones de cerdos al año. Los grupos ecologistas, que lanzaron una enorme campaña en contra del negocio, aseguran que estas granjas “son un peligro para el medio ambiente y contaminan aún más que los feedlot de engorde de vacas”.

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El grupo Chemo, que Sigman creó en Barcelona, tiene ahora presencia y negocios en 95 países.

Chemo tiene oficinas centrales en Madrid, Lugano y Buenos Aires. Emplea a más de 5.000 profesionales en 40 países, tiene 14 plantas de fabricación, 12 centros especializados de I+D y 12 oficinas comerciales que atienden clientes en 95 países del mundo. Leandro Sigman, el hijo mayor, es el director general. A los 76 años, Hugo Sigman se dedica sólo a los negocios de los productos biotecnológicos y los laboratorios de mAbxcien-ce, donde se fabrica la vacuna que tanto espera el mundo, son la estrella del grupo. Todos negocios apuntalados a través de sus conexiones políticas en Argentina. El primer idilio que tuvo con el kirchnerismo fue a raíz de otro brote epidémico a nivel global: el de la gripe A. Argentina necesitaba vacunas para enfrentar el nuevo virus. Sigman se asoció con el laboratorio suizo Novartis para producirla en el país. El Estado, a cambio, se comprometió a comprarle hasta la actualidad unas10 millones de dosis por año que se incluyeron en el calendario oficial. Cuando se firmó el contrato, el ministro de Salud era Juan Manzur. Había sucedido a Graciela Ocaña, que abandonó el gobierno en 2009, asqueada por la red de corrupción en la que participaban los laboratorios, los gremios y el gobierno. Según el acuerdo, el ministerio de Manzur se comprometía a comprar entre 10 y 12 millones de dosis de vacuna para la gripe A. Según la diputada Ocaña, la mitad de esas dosis nunca llegaron a la gente y no se sabe si se fabricaron o si todo se fue por las cloacas de la malversación de fondos. Sigman había conseguido un acuerdo para ser el único proveedor de la vacuna por 10 años. Otro laboratorio del grupo, Sinergium Biotech, se construyó con un crédito que otorgó el gobierno de Cristina Kirchner a cambio de que fuera acompañado con una planta primaria de antígenos que nunca se construyó.

Sigman es muy amigo de Ginés González García, el pintoresco actual ministro de Salud, más conocido en los círculos políticos como “Dr. Ahorro”, no por ser frugal sino porque tiene intereses en esa cadena de farmacias importada desde México. El rumor dice que los laboratorios de Sigman le proveen los medicamentos a un precio especial. También mantiene buenas relaciones con Cristina Kirchner y con La Campora, en especial, con Eduardo “Wado” de Pedro, ministro del Interior. Las relaciones familiares lo conectan también a otros dirigentes de ese sector del peronismo. Su hijo menor, Lucas Sigman, fue compañero de estudios y militancia en el Colegio Nacional Buenos Aires de Matías Lammens, ministro de Deportes y Turismo. Leandro Sigman, otro de sus hijos, era compañero en la Facultad de Ciencias Económicas con Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Oficialmente, contribuyó con un millón de pesos a la campaña de Alberto Fernández. Una fuente cercana al gobierno indica que fueron varios millones más. Algo incomprobable. “Lo de Sigman es un mito. Acá no puso un peso”, repiten en el Frente de Todos. Pero sí, en cambio, aceptan que existe “una muy buena relación” que comenzó con frecuentes reuniones en la Casa Rosada y la residencia de Olivos durante el gobierno de Néstor Kirchner.

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Sigman junto a Cristina Kirchner, en una foto subida a Facebook.

“Apoyé al kirchnerismo mientras era socialdemócrata. Después me distancié”, dijo Sigman en una entrevista que otorgó al diario El País de España en 2016. Pero Sigman siempre tiene palabras cálidas para definir a Cristina Kirchner y estuvo muchas veces en primera fila aplaudiendo sus ásperas ocurrencias. Y si pudo haber algunos roces, todo se solucionó con el anuncio de la producción de la vacuna anti-Covid. El presidente Fernández habló por Zoom con el empresario antes de hacer el anuncio sobre la producción de la nueva vacuna. Y en febrero lo recibió en la Casa Rosada junto al CEO de Netlfix. Ante la consulta de Gallo, desde el entorno de Sigman prefirieron no hacer comentarios.

Por supuesto, como todo buen empresario, siempre divide los huevos en varias canastas. Su simpatía con la centroizquierda no impidió que algunas de sus empresas hicieran donaciones para el sueño presidencial de Mauricio Macri. Dos de sus firmas vinculadas al negocio farmacéutico desembolsaron en 2015 un millón de pesos, según consta en balances que Pro presentó en la Justicia. Laboratorios Elea compró una mesa para la cena de recaudación de fondos de Cambiemos por medio millón de pesos. Sigman, que no asistió al evento, tenía en ese momento el 25% de acciones de la firma. “Cuando vienen las campañas políticas, los políticos invitan y no resulta fácil decirle que no a alguien que es candidato a presidente. Prefiero una donación así en lugar de una contribución en negro”, se justificó Sigman en una entrevista con el diario La Nación. “No sé cuántos empresarios habrán ido a las cenas, pero deben haber ido todas las cámaras. Es muy complejo para un sector empresario no tener un buen vínculo con un candidato que puede ser presidente. Cuando llegan al cargo buscan que se genere trabajo y cuando vos tenés una empresa con cierta dimensión normalmente se genera una relación”, abundó Sigman. A través de sus socios de la familia Sielecki mantuvo una relación social con Nicolás Caputo, el “hermano del alma” de Macri. La relación con el gobierno de Cambiemos se deterioró cuando se decidió terminar con el plan Remediar, por el que los laboratorios de Sigman se convirtieron en proveedores del Estado de Medicamentos Esenciales, es decir casi todos los más consumidos del mercado. Su amigo Ginés resolvió el problema apenas asumió.

Sigman quedó expuesto en un escándalo por el negocio de la efedrina, que se utiliza tanto para elaborar medicinas como los jarabes de la tos y drogas sintéticas. Argentina fue utilizada como lugar de paso de ese componente por los grandes carteles de la droga de México. Por un vacío legal, varios empresarios farmacéuticos importaban efedrina desde China que reexportaban a otros países, algo que produjo enfrentamientos y asesinatos mafiosos en Buenos Aires. En 2016, se detectó un cargamento de 287 kilos de pseudoefedrina, distribuidos en diez tambores, que se habían mantenido ocultos durante cinco años en un galpón del aeropuerto de Ezeiza. Era propiedad de la empresa Chemo. Sigman aclaró que era parte de un envío a un laboratorio paraguayo y que se había vencido por negligencia de la Aduana. Nunca se aclaró si hubo otros cargamentos de efedrina ni su destino. El empresario no fue imputado en ninguna de las causas de estos manejos mafiosos del componente químico.

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Sigman, productor agropecuario. Posee al menos 200.000 hectáreas en la Patagonia, Corrientes y San Luis.

Sigman también es un poderoso productor agropecuario. Los que conocen los negocios del campo aseguran que maneja más de 200.000 hectáreas en diferentes puntos del país. Varios de estos emprendimientos están bajo el nombre de Empresa Garruchos, que tiene 75.000 hectáreas dedicadas a la siembra directa y al pastoreo en San Luis. Otra de esas propiedades es la estancia Los Murmullos de 10.000 hectáreas en Chubut y varias otras en la Patagonia que lo colocan apenas por debajo de Luciano Benetton y Lázaro Báez en cantidad de explotaciones. También, posee la maderera Pomera. Y una poderosa maquinaria de investigación y producción de insumos a través de Biogénesis Bagó y Bioceres, la empresa argentina de biotecnología agropecuaria, con impresionantes laboratorios en Rosario. A través de Solantu, una empresa que maneja la hijastra del ex presidente del gobierno español Felipe González, diseña, produce y exporta las materias primas tanto de sus estancias australes como los cueros y la carne de los yacarés que se crían en la provincia de Corrientes. Allí también explota el hotel boutique Puerto Valle, instalado sobre una estancia construida en 1868, sobre los Esteros del Iberá.

Al empresario siempre le gusta alardear de sus amistades famosas, como Felipe González, la ex alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, Joan Manuel Serrat o los ya fallecidos, José Saramago y Fidel Castro, y de su contribución como mecenas de decenas de artistas plásticos. “Una de las colecciones de arte más notables de nuestro país”, definió la crítica de La Nación, Alícia de Arteaga. Posee obras de Guillermo Kuitca, Jorge de la Vega, Juan Carlos Distéfano; esculturas del británico Tony Cragg y pinturas de los españoles Pablo Palazuelo, Jaume Plenza y Sevilla. Apoyó también las exhibiciones de Jorge Macchi y Kuitca en la bienal de Venecia, e integra el comité del Museo Nacional de Bellas Artes. El matrimonio Sigman forma parte del patronato del Museo Reina Sofía, donde se codean con poderosas personalidades de la pintura como la galerista Helga Müller de Alvear, la mecenas Patricia Phelps de Cisneros o el millonario brasileño José Olympio da Veiga. Tiene una especial predilección por los trabajos del alemán Anselm Kiefer. Una escultura de este artista embellece la magnífica entrada del palacio Díaz Vélez, un edificio de estilo francés del 1900 ubicada en el Barrio Norte porteño, con más de 1.000 metros cuadrados cubiertos restaurados y que es la sede corporativa de Insud. Su debilidad es el cuadro que reina en el living de su casa de Buenos Aires: Desocupados, la obra pintada en 1934 por Antonio Berni. Una pintura de 2,18 metros de alto por 3 metros de ancho, una exhibición de buen gusto, poder económico y progresismo colgados de la pared.

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Con el elenco de “El Angel”, en Cannes.

El mundo editorial y del cine tampoco le son ajenos. Tiene la editorial Capital Intelectual donde produce la edición para el Cono Sur de Le Monde Diplomatique, una cabecera que negoció con su amigo Ignacio Ramonet a cambio de una inyección de dinero a las flacas arcas de la revista en París. Allí, en su sede de la calle Francisco Acuña de Figueroa del barrio de Almagro, nacieron y fallecieron las revistas Trespuntos y TXT. Y se editaron libros de varios “amigos”. Pero “la joya de la corona” es la productora de cine K&S Films. La fundó en 2005 junto a su socio, Oscar Kramer, y como todo lo que toca se convirtió en oro. Se propusieron financiar proyectos nacionales que tuvieran repercusión internacional. Lo lograron. Produjeron todos los éxitos del cine argentino de los últimos 15 años y buena parte de los españoles. Algunos de sus films: Tiempo de valientes, El último Elvis, El clan, La cordillera, El Angel y La Odisea de los Giles. Relatos Salvajes, de 2014, estuvo nominada a los Premios Oscar como mejor película extranjera y fue la película argentina más vista de la historia. Se lo ve feliz, junto a sus actores y directores como Ricardo Darín y Pedro Almodovar, en la alfombra roja de los festivales. Estuvo en Cannes con la troupe de El Ángel y en Venecia con Acusada, protagonizada por Lali Espósito, y el documental El Pepe dirigido por Emir Kusturica. Traje con solapa smoking, camisa del mismo color, zapatos acharolados, chalina de seda, anteojos de carey en tono amarillo, delgado, alto, de una cabellera envidiable a su edad, exuda estilo y riqueza entre el glamour del cine internacional.

Y entre medio de todo esto, también tiene tiempo para reflexionar y continuar su discurso de empresario progresista o “de la burguesía nacional” como le gusta definir. “Siempre he pensado que la deuda de los países en desarrollo es impagable. No sé si viviré para verlo, pero creo que será necesario reestructurar la deuda de todos los países. Cuando veo a los políticos desorientados, me pregunto: ¿Cuál es la solución? Hace años la solución a estas situaciones era la guerra. Afortunadamente, hemos evolucionado para que no haya guerras. La crisis debe resolverse con cordura. Los países que han podido ahorrar mucho, como Japón, China, los del Golfo, Singapur, etc. tendrán que hacer un esfuerzo y pagar más para salvar al sistema de un desastre mundial… Los políticos, estén en la socialdemocracia o en la derecha europea, me dan pena porque tienen una papeleta dificilísima. Los miro con piedad y me digo: “¡Lo que va a padecer este pobre tipo!”. Sea cual sea la formación política, sus fórmulas son más o menos parecidas. Se lo he dicho muchas veces a mi buen amigo Felipe González: “Felipe, esto no tiene solución”, y coincidimos con él en que hay que crear una nueva gobernanza del sistema financiero mundial”, explicó en el libro “Los que dejan huella”.

Mientras espera la creación del lejano nuevo orden financiero, Sigman quiere pasar a la historia como uno de los “salvadores de la humanidad” en el combate al coronavirus. La “vacuna de Oxford” ya tuvo algunos reveses, pero se encamina a ser una de las tres o cuatro que salgan indemnes de esta absurda guerra en las que están laboratorios y gobierno. Luego, él se va a encargar de hacer que ésta cruzada altruista termine convirtiéndose en oro, como todo lo que tocó en su carrera. Por ahora, lo único que sabemos es que esta vez no será el Oro de Moscú. Ese ya se terminó hace rato.

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