“La memoria de Malvinas tiene mucha utilidad política y económica”
El discurso de las Malvinas por parte de Menem, Néstor y Cristina Kirchner. El valor de las islas para justificar posiciones políticas y económicas. El análisis de la historiadora británica Fionnuala Murphy en esta entrevista exclusiva.
Ricardo Mosso
30 de agosto de 2021

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Hace pocas semanas, fue aprobada con una alta calificación una tesis universitaria que analiza a la Guerra de Malvinas como insumo del discurso político de tres presidentes. Hasta ahí, algo plausible en el ambiente académico argentino. Pero no: primero porque la autora de la tesis es una historiadora británica graduada en la antigua y prestigiosa Universidad de Dartmouth, Estados Unidos. Y segundo porque el título del texto académico original en inglés dice “Malvinas”, no “Falklands”: Un sueño para vender: The Economics of Memory and the Malvinas War in Argentinian Political Discourse, 1989-2015 (‘Un sueño para vender: la economía de la memoria y la Guerra de Malvinas en el discurso político argentino, 1989-2015’).

Gallo charló con la joven autora del trabajo historiográfico, Fionnuala Murphy –su nombre quiere decir “Hombro blanco” en irlandés, viene de la leyenda de una mujer que se convierte en cisne– para consultarle qué encontró en su análisis del uso político de la memoria histórica de Malvinas.

¿Cómo te interesaste por investigar un tema relacionado con Malvinas?

Siempre me fascinó la memoria histórica y los usos políticos del pasado. Después estuve como estudiante de intercambio en Buenos Aires en la Universidad Di Tella –entre enero y marzo de 2020– y me interesó la manera tan emotiva en que los argentinos hablan de Malvinas, así que quise saber más sobre el tema. Tenía planeado volver para visitar los archivos a fines de 2020 pero no me fue posible por la pandemia.

A muchos argentinos le sorprendería el título a de tu tesis: ¿podés explicar por qué usaste Malvinas en vez de “Falklands”?

Cuando me interesé en la presentación histórica de Malvinas y la guerra en la cultura política argentina, empecé a tratar de entender cómo se las veía en la Argentina, vi que ahí no eran “Falklands”, sino que eran “las Malvinas” (dice en español). Por todo el país hay colectivos, trenes y carteleras que llevan el eslogan “Las Islas Malvinas son argentinas”, y eso tiene un significado muy cargado políticamente. Por eso a mí no me parecía muy preciso utilizar “Falklands” al estudiar la experiencia argentina. Recibí alguna crítica por mi decisión, porque incluso la ONU utiliza “Falklands Islands (Malvinas)”’ en sus documentos oficiales, desde la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1965 que dice que existe un debate sobre la soberanía. Esta diferencia es importante porque supone que “Falkland Islands” es el termino principal y el reclamo argentino está en paréntesis. Mi investigación no trata de determinar la razonabilidad de la postura de ninguno de los dos países en este tema, sino qué significaba en Argentina.

¿Cuál creés que es la principal razón del valor discursivo de Malvinas en la narrativa política de Menem, Kirchner y Cristina, también cuando hablaban de economía?

Yo me especializo en Historia, y me interesaba ver cómo se la usó para justificar políticas económicas, especialmente en el caso de estas islas altamente simbólicas. Por ejemplo, Cristina Kirchner podría haber utilizado diferentes temas históricos para denunciar el colonialismo cuando renegociaba la deuda externa con los holdouts y los fondos buitre, pero un símbolo útil eran las famosas y emotivas Malvinas. Las utilizó en un argumento en el que Argentina ha sufrido siempre a manos de poderes coloniales porque, en el caso de las islas, el despojo está marcado en la memoria nacional como una injusticia que se remonta a 1833. Las Malvinas son algo claramente identificable para la población, y obviamente tienen muchos significados para los argentinos, que en ese momento estaban gastando mucho tiempo y dinero en un tribunal de Nueva York para pelear con los fondos buitre. Así que creo que, de una manera casi natural, estas islas son tan poderosas que pueden ser mecanismos muy útiles para decir “Esta es la razón de estas políticas económicas”, a la manera de uno de los símbolos que definen lo que es ser argentino, como las Malvinas, el fútbol y quizás el tango o las milanesas, elementos muy definidos de la identidad nacional. Malvinas están tan firmemente metidas en ese campo que tienen mucha utilidad, más allá de los meros debates historiográficos, también en la esfera económica.      

En tu tesis mencionás el poema de Jorge Luis Borges, Juan López y John Ward, y su posición “antinacionalista” en relación a Malvinas; ¿en tus charlas con académicos argentinos apareció esta posición o solo la visión “anticolonialista”?

Creo que, en su poema Juan López y John Ward, Borges básicamente critica el nacionalismo, y es muy conmovedora la manera en que dice que los dos personajes del poema podrían haber sido amigos si no se hubieran encontrado en el campo de batalla, donde terminaron enterrados juntos. Creo que mucha gente en la Argentina siente que la guerra fue un error que nunca debe ser repetido, y que el derramamiento de sangre no es la respuesta, aunque sí dicen que la causa política de reclamar las islas es justa. Hoy en día que estos temas son muy difundidos y se superponen con un amplio sentimiento anticolonialista, contra del imperialismo británico, al mismo tiempo que rechazan a la guerra en sí misma, muchas veces en un lenguaje similar al de Borges.

Otra idea interesante que apareció cuando charlé el tema con académicos argentinos es la de que los reclamos de soberanía argentina de corte nacionalista lo que hacen es socavar el derecho a la libre determinación de los isleños, y que esto va en detrimento de la declamada superioridad moral de los gobiernos argentinos en su postura sobre Malvinas, sobre todo porque los isleños votaron muy claramente en un referéndum que quieren ser británicos. Hay una tensión ahí, que incluye al peronismo nacionalista, sobre cómo hablar del futuro de las islas y sobre si la guerra en sí estuvo justificada o no.

Hablás de la posición de los discursos de Menem que comparaban el “sacrificio” de los soldados de Malvinas con el de la población ante la política económica, ¿cómo creés que se relaciona esa línea con la política de “seducción” del canciller Di Tella, que envió osos de peluche a los isleños?

Por empezar, creo que esas dos aproximaciones al tema Malvinas en la época de Menem tenían públicos y propósitos diferentes. Pero hay que hablar sobre todo el tema del “olvido” que planteó Menem, la cuestión de dejar el pasado atrás. Hubo una tensión entre utilizar la memoria y promover el olvido. Y la política de seducción que gestionó Guido di Tella fue intento un fracasado de ganarse “los corazones y las mentes” de los isleños, que se identifican fuertemente como británicos, y de convencerlos de que la Argentina no tenía intenciones bélicas después de la guerra. Pero la guerra fue traumática para la población de las Malvinas, que no estaban acostumbrados a vivir la guerra; tres isleños murieron cuando la  Armada británica bombardeó por error la casa en la que se refugiaban. En el contexto del menemismo, la Argentina todavía mantenía públicamente su reclamo de soberanía en charlas bilaterales con Londres, y la política de Menem fue la poner a un costado el tema de la soberanía, de manera muy distinta a lo que luego hicieron los Kirchner. ¡Los ositos nunca iban a cambiar el punto de vista de los isleños! Tampoco que les enviaran tarjetas de Navidad. Para algunos, la idea de Menem de olvidar la parte más incómoda de la historia podría verse como insensible o directamente como generadora de rabia. Y esta manera de navegar la historia reciente fue vulnerable frente a las acusaciones de “desmalvinización”.

En el capítulo sobre NK decís que tomó a los veteranos de guerra como ejemplo del abandono del neoliberalismo al pueblo argentino y que les dio beneficios, pero no a otros sectores, ¿te referís a los docentes y los jubilados, por ejemplo?

Me parece que los veteranos de Malvinas fueron muy importantes en los discursos de Néstor Kirchner, y que tuvo una relación bastante cercana con grupos de veteranos. Pero sus políticas económicas, que varios economistas describieron como “neodesarrollistas”, y su política de subsidios fue caracterizada como segmentada corporativamente y, en general, en vez de crear una red de bienestar amplia e inclusiva, él eligió a algunos grupos que recibieron más ayuda y beneficios; la ayuda no fue consistente en todo el espectro social. En cierta forma, Kirchner usa la narrativa de que “la Argentina les dio la espalda a los veteranos”, y con esto les dio un estatus especial y más beneficios que a otros grupos. Esto fue bastante inteligente, porque le sirvió a NK para mostrar que los veteranos necesitaban ayuda y que la merecían con más urgencia que otros grupos que también clamaban por asistencia. Los excombatientes le sirvieron para NK para mostrar las “terribles consecuencias del neoliberalismo” y para decir que por eso mismo necesitaban ayuda por ser lo que eran.

Hablás también en tu trabajo de dos monumentos a los caídos en Malvinas, y de “malentendidos populares” en el diseño del Museo Malvinas que se inauguró durante la presidencia de Cristina Kirchner en la exEsma, ¿podés ampliar un poco ese concepto?

Analicé en mi tesis el monumento construido por Menem en la Plaza San Martín. Hay algo de ostentoso en él, muy al estilo de Menem (risas). En cuanto a los monumentos a los muertos argentinos en Malvinas, hay que decir que durante muchos años después del fin de la guerra fue muy controvertido qué término utilizar para hablar de los muertos y los que participaron, ya sea “excombatientes”, “veteranos” o “chicos de la guerra”, “héroes”… Lo que me parece interesante en los monumentos es que los nombres de los muertos aparecen en orden alfabético, y no por grado militar.

En cuanto al Museo Malvinas, creo que las “huellas dactilares” de Cristina están muy presentes en el diseño de ese museo, hay varias citas directas que se muestran en forma muy destacada; ella estuvo muy cerca de su creación. Me parece que el Museo Malvinas es realmente fascinante, y porque sus muestras no son estáticas: acaban de actualizar la línea del tiempo de la planta baja e instalaron este nuevo mapa bicontinental en el primer piso, que pone de relieve la pertenencia geográfica de las islas, y la “antarticidad” de la Argentina. Hubo pequeños cambios, pero el mensaje principal sigue allí desde que fue instalado en 2014. Aproveché muchísimo la visita, es reinteresante, y ¡saqué demasiadas fotos ese día!

¿Que ves detrás del discurso de los Kirchner?

Para mí ahí hay algo un poco paradójico, que necesitaría más investigaciones, porque CFK además hizo muchos esfuerzos discursivos para colocar a 1982 en este “contexto largo” de la historia de Malvinas, en vez de hablar solamente de la guerra, de la derrota y de la dictadura. Ella intenta señalar que “La historia se remonta hasta 1833, pero también hacia antes; 1982 fue solo un evento en esta larga historia”.

Creo que hay algo ahí que tiene que ver con el mensaje político de los Kirchner, para quienes parte de su identidad política es la reivindicación del militarismo de izquierda de los años 70 del siglo XX, así que creo que es notable que relacionara la historia de Malvinas con que esa izquierda, los llamados “subversivos”, que fueron el blanco de los militares de esa época. Creo que es una decisión muy interesante, y que no cuadra del todo que ella haya dicho “1982 es parte de una historia más larga” y que a la vez la guerra haya salido de la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). Me parece que habría una contradicción ahí con el sitio del Museo.

¿Cómo británica, qué percepción creés que hay de las Malvinas en Inglaterra en este momento?

La percepción de las Malvinas en Gran Bretaña está más que nada basada en la guerra de 1982. Antes de eso, el británico común no sabía de la existencia de las islas, la mayoría ni podían señalarlas en un mapa. No tenía para ellos el antiguo significado que tienen las islas para los argentinos, pero cuando fueron invadidas por Argentina dijeron “son británicas y hay que defenderlas”. Por supuesto que algunos sectores criticaron el tema de que se haya gastado tanto dinero y se hayan enviado barcos de guerra a ese lugar tan, tan lejano en el Atlántico. Creo que lo que complica las cosas es que los isleños se consideran fuertemente británicos, y los políticos ingleses que quizás quieran iniciar charlas con Argentina serían acusados de abandonar a ciudadanos británicos. Si no hubiese habido una guerra, quizás hoy la situación sería diferente. Hoy todavía se ven en Gran Bretaña titulares en nuestra versión del diario Crónica, que se llama The Sun, que dicen cosas como “Amenaza argentina” si un barco argentino pasa demasiado cerca de las islas; juegan con sentimientos bélicos con esos titulares dramáticos.  El sentido británico de una posición moral superior se agudiza porque fue una dictadura argentina la que invadió las Malvinas. Creo que para los políticos en mi país es muy difícil discutir el tema sin empezar a recibir acusaciones de “vender” a los isleños, que envían delegaciones a Londres para asegurarse de mantenerse vigentes y que la gente no se olvide de ellos. Como hubo soldados británicos que murieron en Malvinas, cualquier arreglo es mucho más difícil. Es como que los políticos de un país y otro solo pueden reiterar sus reclamos de soberanía.


La autora

Fionnuala Murphy se graduó con honores en la Licenciatura de Historia de Universidad de Dartmouth (New Hampshire, Estados Unidos), con su tesis dedicada a la utilización de la memoria histórica de Malvinas.

Sobre ese tema disertó en el congreso “Procesos de Memoria y Justicia en América Latina”, realizado vía Zoom por la Latin American Studies Association Conference, en Vancouver, Canadá en mayo de 2021. También publicóun artículo relacionado en el sitio web del Scottish Centre for Global History.

Durante la cursada de la carrera recibió varios premios y becas anuales y es una de los editores ejecutivos de Memento, la revista digital de Humanidades del Dartmouth College. También investigó para un proyecto sobre historia nacional de Puerto Rico encargada por la editorial Princeton University Press.

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