Evo, litio y caída
Los seguidores del ex presidente boliviano creen que la explotación del litio y una empresa alemana estuvieron detrás de la caída del carismático líder cocalero. Pero la realidad lo desmiente.
Tom Dieusaert
7 de octubre de 2020

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La Paz, Bolivia

Desde la salida del populista Evo Morales en noviembre 2019, cuando el gobierno interino de la conservadora Jeanine Añez asumió el poder en Bolivia, el recurso estratégico del metal de litio fue identificado por los seguidores del ex presidente Morales como la verdadera razón del “golpe de estado”. Con esta excusa tratan de tapar 12 años de malas decisiones, falta de vision e indolencia en un tema energetico crucial para la segunda decada del siglo 21. En este sentido Bolivia parece a Venezuela. Tiene las reservas mas grandes del mundo de un recurso estrategico y no hace nada con ello. Bolivia tiene 21 millones de toneladas metricas de litio, la mayor reserva geologica de este mineral en el mundo, segun el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) pero apenas se han montado algunas plantas piloto de cloruro de potasio, de carbonato de litio y otra de materiales catódicos. La produccion de carbonato de litio durante los ultimos tres años: 700 tonaladas por un valor de 4 millones de dolares: Poco o nada.

Por sus aplicaciones en la industria automotriz, farmacéutica y en las comunicaciones, el litio se ganó el mote de “oro blanco”. Con el litio se fabricarán las baterías que moverán los vehículos del futuro y las de los teléfonos celulares, entre las aplicaciones más inmediatas. Bolivia tiene en el Salar de Uyuni las reservas de litio más grandes del mundo. Pero hasta ahora, más allá de la propaganda política, no se ha hecho casi nada para refinar o industrializar este metal.

Tampoco, y considerando ese mega salar, que ciega cuando el sol está en lo alto y que más parece un mar abandonado en un mundo distópico, se movieron muchos los reflejos propios del temor a la competencia. Es que como en una suerte de continuidad geológica, dos países limítrofes fueron bendecidos también con la distribución de litio. Sólo en la Argentina existen 873 mil hectáreas para la explotación, que se suman e integran recursos en el llamado “triángulo de litio” (Jujuy en la Argentina, norte de Chile y sur de Bolivia). El triángulo del litio concentra el 85 por ciento de este metal disponible en todo el mundo, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos y el Servicio Geológico Argentino.

El mar de sal de Ayuni, Bolivia.

“No tardamos mucho en poner manos a la obra”, se defiende el ingeniero Luis Alberto Echazú, ex encargado de Yacimientos de Litio Boliviano (YLB) y viceministro de Minería bajo el gobierno de Evo Morales (2006-2019). En Chile empezaron en los años 80 con la explotación del litio (antes del boom de los autos eléctricos, el litio tenía aplicaciones para la industria espacial, se utilizaba en aditivos de aceite y en la industria farmacológica para tratar depresiones). En la Argentina, desde 2001.

Echazú: Nos llevan años de delantera, es cierto- admite el ex funcionario.

Gallo: Tengo entendido que una de las razones por las que el desarrollo en Bolivia se complicó es que arrancaron con un proceso equivocado.

Echazú: No es así. Justamente por eso se necesita tomarse el tiempo en diseñar el proceso industrial, porque hay una gran diferencia entre el litio que se encuentra en el salar de Atacama en Chile, por un lado, y el litio boliviano o argentino, por otro lado. En cada molécula de la salmuera de Uyuni hay menos litio que en Atacama y más de otros componentes, entonces la purificación se hace más compleja. Es como un yacimiento minero de estaño a cien kilómetros de otro: el yacimiento varía totalmente, y el proceso también.

Gallo: Entonces no hubo un error, era un aprendizaje necesario cómo procesar Uyuni.

Echazú: Claro, inicialmente quisimos aprovechar la experiencia de Chile, una purificación a través de los cloruros, pero en la investigación ya resultó fallido. Totalmente fallido, porque en nuestro litio hay mucho sulfato y mucho magnesio, entonces investigamos un proceso distinto. Lo que sale de la última piscina luego del proceso de evaporación solar en Bolivia es sulfato de litio y no cloruro de litio como en Chile. Ese sulfato de litio se procesa luego con cal en la fábrica para llegar al carbonato de litio.

El hecho de que la salmuera boliviana tenga mucho menos litio que la chilena hace que la salmuera residual cobre importancia. Una de las exigencias del gobierno de Morales a las empresas interesadas en participar en el proceso de explotación del litio en Bolivia fue que aprovechen la salmuera residual y no la inyecten de nuevo en el salar, como ocurre en Chile. Así es como entró en escena la empresa alemana ACI Systems, que obtuvo en 2018 la concesión de una fábrica de baterías junto con YLB, porque supuestamente había encontrado una forma para procesar hidróxido de litio desde la salmuera residual, lo que implicaba una inversión en total de más de 1,3 mil millones de dólares entre los alemanes y YLB.

En cada molécula de la salmuera de Uyuni hay menos litio que en Atacama y más de otros componentes. La purificación se hace más compleja.

Sin embargo, la concesión por 70 años a ACI Systems fue muy criticada por ciertos sectores de la sociedad, como el Comité Cívico Potosino (Comcipo), que con protestas y huelgas de hambre contribuyó a la caída de Evo Morales en noviembre de 2019. Una de las figuras más influyentes dentro del Comcipo y férreo opositor del proyecto de litio desarrollado por Morales y Echazú es el académico potosino Juan Carlos Zuleta. En enero del 2020 fue nombrado por el gobierno de Jeanine Áñez para tomar las riendas de YLB, pero apenas tres semanas después fue despedido. Desde el principio, fue desacreditado por la oposición del MAS, que le enrostraba haber trabajado en Chile. Eso, en ciertos sectores bolivianos, es sinónimo de ser un vendepatrias, aunque seguramente su rol en la revuelta contra Morales fuera la verdadera razón.

Gallo: ¿Usted fue despedido porque tenía un perfil demasiado polarizador?

Zuleta: Las razones de mi despido son varias (Zuleta menciona la presión de “alguna” embajada, y da pistas para señalar a la de Alemania en La Paz) pero fue un honor servir a mi patria. Lo que me llama la atención es que el gobierno de Morales se llamó nacionalista, pero justo en el caso del litio fueron muy entreguistas. Hicieron un contrato totalmente desventajoso para Bolivia con una empresa que no tiene ni la capacidad técnica ni financiera para llevar a cabo este proyecto.

Planta de Soquimich. El litio, por ahora, se utiliza para fabricar las baterías para vehículos eléctricos y las de los teléfonos celulares.

Zuleta recrimina al gobierno de Morales por haber elegido como socia a una empresa que no representaba un jugador internacional de peso en la producción de litio (como sí lo podrían ser Orocobre, Albemarle, SQM o Livent), sino que eligió una empresa productora de paneles solares. El académico potosino no cree que ACI Systems, por más que cuente con el apoyo del gobierno alemán, con el productor de minerales K-UTEC Salt Technologies y el reputado Fraunhofer-Gesellschaft, tenga la suficiente espalda para poder encarar un proyecto donde entre el socio mayoritario YLB (51 %) y el minoritario alemán se habían comprometido en esta gigantesca inversión para montar y poner en marcha la fábrica.

Zuleta sospecha que detrás de esta construcción extraña hubo “una devolución de favores” por parte del gobierno del MAS, ya que el gobierno alemán se había comprometido con el gobierno boliviano en la construcción del corredor bioceánico. Era muy llamativo que para la construcción de una planta de carbonato de litio de 96 millones de dólares –adjudicada en 2018 a la empresa china Maison Engineering– el gobierno de Morales abriera un proceso de licitación que duraría alrededor de tres años, mientras que el contrato multimillonario de ACI Systems fue asignado ad hoc, o a dedo.

El Comcipo y Zuleta se opusieron férreamente. Ya habían remarcado que les parecía totalmente inaudita “la comercialización del litio boliviano por 70 años a cambio de un mísero 3 % de regalías” para la provincia de Potosí (donde se encuentra el salar de Uyuni). En cambio, la Comcipo pidió 11 % de regalías. Había otros aspectos del contrato que a Comcipo le parecían inadmisibles, como el hecho de que la empresa alemana tuviera derecho de veto en el consejo de administración (5 miembros). “Eso era ilegal según la constitución boliviana -dice Zuleta-. Y, además, era una infracción a las leyes bolivianas que establecen que las materias primas pertenecen a la nación”. “El gobierno (de Morales) –continuó– nos quiso hacer creer que el hidróxido de litio, obtenido de la salmuera residual, era un producto industrial, mientras que es un derivado de litio y entonces una materia prima refinada”.

Los salares del litio pasaron a ser parte del relato del gobierno de Evo Morales.

Zuleta recuerda “nítidamente” que, en los meses tensos de las fallidas elecciones bolivianas en 2019, hubo una reunión entre el Comcipo y Evo Morales en persona para tratar de conciliar las diferencias, y que al final de la reunión Zuleta se acercó al ex presidente. “Le hice notar algo que me pareció muy importante y además muy abusivo de parte de ACI Systems. La empresa alemana había publicado un texto en su página web donde indicaba que tenía acceso a la totalidad de los recursos evaporíticos del salar de Uyuni y que ofrecía los recursos de litio al resto del mundo. Esto no se podía aceptar de ninguna manera, porque la empresa nada más era una socia de YLB. Le hice notar esto a Evo Morales y él retrocedió, no lo podía creer. ´Eso es imposible´, me dijo. ACI Systems cambió el texto en su sitio web bajo presión del gobierno. Luego, en las primeras semanas de noviembre, Evo Morales abrogó el decreto 3738, que era el contrato de YLB con la empresa alemana.

Como era de esperar, la visión de Luis Albero Echazú resultó diametralmente opuesta a la de Zuleta. En la filosofía del gobierno de Morales, la industria del litio tenía que responder a las mismas pautas que los hidrocarburos: la prioridad era buscar un socio que aportara la tecnología necesaria (para los productos industriales como el material catódico para baterías) pero que Bolivia mantuviera el control sobre los recursos naturales y materias primas, en este caso el hidróxido o carbonato de litio.

Gallo: Los críticos del contrato entre los alemanes y YLB dicen que, en el proceso de licitación para la planta de hidróxido de litio, las cartas ya estaban marcadas.

Echazú: Eso es absolutamente falso. A todas las empresas que se habían presentado, la condición más importante que se les pedía era que se haga un proyecto de agregación de valor. Que se llegue a la fabricación de una planta de baterías tamaño mundial en Bolivia. Eso era un requisito. Y la planta tenía que tener una potencia mínima de 7 gigavatios la hora.

Gallo: ¿Y cuáles fueron las ofertas?

Echazú: La que más ofreció fue una empresa china: propuso hacer una planta de 1 mega. Y otras dos ofrecieron 0.1 mega, o sea un décimo, y nosotros dijimos: ´Pero eso no califica, no sirve para exportar, para generar divisas para el país´. Y nos contestaron: ´Si queremos hacer baterías acá, tenemos que traer insumos de China y luego llevar la batería de nuevo a China. Y competir con las empresas chinas que tienen la materia prima (el carbonato o hidróxido de litio) allá. Ahí está el mercado. Nosotros quisiéramos, pero es 13 imposible, no podemos prometer una planta muy grande de baterías´. La única empresa que cumplió con la oferta de 7 gigas fue la alemana ACI. Que después de las negociaciones se amplió a 10 gigavatios hora.

Gallo: ¿Y por qué tan poco interés de las empresas internacionales si Bolivia se ufana en tener las reservas de litio más grandes del mundo?

Echazu: Las grandes empresas quieren hacer sus plantas en su propio país para sus propias industrias. Es la política permanente de los países que quieren importar barato la materia prima, hacer los productos manufacturados de alta tecnología en su país y luego vender a los que les han vendido la materia prima, pero con precios altos carísimos. Eso es así y se va a ver ahora. Yo quiero ver si la gente que nos ha criticado puede hacer una convocatoria y ver cómo les va.

Evo Morales hablando en la inauguración de la planta procesadora en Uyuni.

A la espera de que se resuelva el intríngulis político en Bolivia, el desarrollo de la industria del litio está prácticamente paralizado. Las elecciones generales se llevarán a cabo el 18 de octubre. Serán para elegir al presidente, vicepresidente, senadores y diputados. Esta convocatoria fue hecha por Evo Morales el 10 de noviembre de 2019, horas antes de su renuncia.

Luego del despido de Zuleta, el máximo puesto de YLB fue ocupado por un gerente ejecutivo (Gunnar Valda) con un perfil netamente técnico. La producción de carbonato de litio entre 2017 hasta 2020, en la planta piloto, ha sido de apenas 700 toneladas. Estas fueron almacenadas por el bajo precio internacional de carbonato de litio en este momento (6.250 dólares la tonelada), una producción que representa apenas 4,3 millones de dólares. Una cifra insignificante cuando se compara con las exportaciones de gas y petróleo, que son del orden de 2 mil millones de dólares.

En medio de todas las especulaciones en torno de la panacea que no fue del litio boliviano y las suspicacias en torno de las verdaderas razones del golpe que desajó al líder cocalero y lo mandó al ostracismo, apareció un tuit cargado de sarcasmo de Elon Musk. Aunque pretendió ser apenas una ironía, el presidente de Tesla y por ende jugador clave en la cuestión del litio acaba de alimentar las sospechas de que la caída del gobierno de Morales fue causada por la puja por el litio. Musk, en realidad, había respondido a un cuestionamiento sobre su involucramiento en Bolivia: “Sí, sí, claro, hacemos un golpe cuando se nos da la gana…”, ironizó.

Luis Alberto Echazú, ex encargado de Yacimientos de Litio Boliviano (YLB) .

Zuleta: ¿Usted conoce las declaraciones del señor Elon Musk?

Gallo: Sí, parecían más bien un chiste.

Zuleta: Mire, en chiste hacen muchas cosas y después el chiste se vuelve realidad…

Para Juan Carlos Zuleta es una idea ridícula que Musk o los Estados Unidos hubiesen organizado un golpe de estado en Bolivia “por el litio”. “Ni siquiera había empresas norteamericanas presentes en la licitación para la fábrica de carbonato de litio,” dice. Zuleta cree que falta un plan claro para el litio boliviano. “Si queremos embarcarnos en un proceso de industrialización, hay que producir la materia prima. Tenemos que resolver el problema productivo. Pero luego necesitamos contar con un mercado para el producto industrial. De nada sirve construir una planta si no tenemos un mercado. Y ese mercado no está definido.

Gallo: ¿Y en qué mercado está pensando?

Zuleta: Soy un convencido de que cualquier proceso industrializado, incluso en otros países en la región que tienen litio, pasa por la construcción de un mercado regional para los productos industrializados, o sea América Latina.

Gallo: Supongo que usted sabrá que ya hay un auto funcionando en Bolivia, el Quantum (que se arma en Cochabamba). Este modelo vendió unas pocas unidades, 250 por ahora. Pero todos usan baterías importadas, porque YLB no pudo entregar aún sus baterías.

Zuleta: Esta es una muestra más del fracaso del proyecto del litio impulsado por el gobierno de Evo Morales.

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