El Coronel no tiene quien le escriba
El misterio del supuesto militar que manejó la carrera de Elvis Presley y lo convirtió en el cantante más famoso de su época. ¿Quién era Tom Parker? ¿Era militar? ¿Era un agente encubierto de la CIA? O era simplemente un impostor.
Mike Dash - Smithsonian Magazine
5 de septiembre de 2022
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Era, por supuesto, un truco difícil de llevar a cabo, porque el Coronel se llamaba Tom Parker, y Tom Parker dirigía a Elvis Presley. Dado que Elvis era el nombre más importante de la industria del entretenimiento, su mánager no podía evitar aparecer también en el centro de atención. En la mayoría de los casos, eso no era un problema, porque Parker tenía instintos de showman y disfrutaba de la publicidad. Pero, aun así, siempre se preocupó de que la atención no se detuviera durante mucho tiempo en dos cuestiones controvertidas: quién era exactamente y de dónde venía.

Hasta donde el mundo sabía, el Coronel era Thomas Andrew Parker, nacido en Huntingdon, Virginia Occidental, poco después de 1900. Había hecho giras con circos, cuidado elefantes y hasta manejó una cabina de lectura de manos en una feria antes de encontrar su lugar a principios de la década de 1950 como promotor musical. Sin embargo, si alguien se hubiera tomado la molestia de indagar, habría descubierto que no hay constancia del nacimiento de ningún Thomas Parker en Huntingdon. También habrían descubierto que Tom Parker nunca había tenido pasaporte estadounidense y que, aunque había servido en el ejército de Estados Unidos, lo había hecho como soldado raso.

De hecho, la breve carrera militar de Parker había terminado en la ignominia. En 1932, se ausentó sin permiso y estuvo varios meses en una prisión militar por deserción. Fue liberado sólo después de haber sufrido lo que su biógrafa Alanna Nash denomina un “colapso psicótico”. Diagnosticado como psicópata, fue dado de baja del Ejército. Unos años más tarde, cuando se introdujo el servicio militar obligatorio durante la Segunda Guerra Mundial, Parker comió hasta pesar más de 150 kilos para lograr que lo declararan “no apto para seguir sirviendo”.

El “coronel” Tom Parker junto a Elvis Presley. Convirtió al cantante en una estrella universal y también lo llevó a la muerte.

El coronel Tom Parker pasó a la posteridad como el tipo que convirtió a Presley en una superestrella, pero, también, como el hombre que controló y exprimió al mito hasta su temprana muerte, con 42 años. La fascinante historia de este hombre y su relación con Elvis aparece ahora a la luz a través de una biopic sobre el Rey del rock y su controvertido mánager, uno de los grandes villanos de la historia de la música.

El propio Elvis llegó a admitir: «Nunca hubiera llegado tan lejos con otro mánager». Méritos sobre los que disiente James L. Dickerson, biógrafo –pero no fan– de Parker en cuya biografía se ha basado la cinta recién estrenada, en la que Tom Hanks se mete en la piel de este célebre coronel que cuyo apodo fue idea de Jimmie Davis, músico country al que Parker ayudó a convertirse en gobernador de Louisiana.

«Yo creo que Elvis habría sido una estrella sin Parker –afirma Dickerson–. Fue un tipo realmente malo, un estafador despiadado». Circunstancia que le ha hecho criticar la elección de Hanks para el papel porque, dice, «siempre interpreta a buenas personas». Y eso es lo que, todo parece indicar, no era Parker.

Parker conoció a Elvis en enero de 1955, cuando escuchó hablar de un joven cantante que causaba sensación en Memphis. Le dijo que con él como promotor podría llegar mucho más lejos y rápidamente le consiguió un contrato con RCA al que sería su único cliente en dos décadas. Un año después Elvis lanzó Heartbreak Hotel, vendió un millón de copias y se convirtió en una estrella nacional.

Parker lo hizo girar y grabar sin descanso y perfeccionó el negocio del merchandising, imprimiendo el nombre de su protegido en todo lo imaginable, desde mantequeras hasta sombreros de paja. Su obra maestra, sin embargo, fue su gestión del servicio militar de Elvis. Su empeño para que, en esos dos años, nadie olvidara al ídolo, fructificó en múltiples lanzamientos de material antiguo y un flujo constante de noticias hasta su triunfal regreso en el programa televisivo de Frank Sinatra por una tarifa fabulosa.


Parker conoció a Elvis en enero de 1955. Un año después Elvis lanzó Heartbreak Hotel, vendió un millón de copias y se convirtió en una estrella global.

Pero eso fue el principio del fin. Parker quiso convertir a Elvis en una estrella de Hollywood rodando decenas de películas edulcoradas que empujaron las finanzas del Rey, pero que, asegura Dickerson, «le hicieron un gran daño como artista».

Parker, además, no se enteró de que el mundo había cambiado en los 60, donde arrasaban gente como los Beatles y los Rolling Stones. A su lado, Elvis parecía una esfinge polvorienta. Para devolverlo a los titulares, lo instó a casarse con Priscilla Beaulieu, de 22 años, en 1967, convertida más tarde en la primera persona en culpar al mánager de poner la carrera de su esposo al servicio de sus propios intereses.

Como artista, tras siete años alejado de los escenarios, Elvis regresó a lo grande en 1968 con un histórico especial de televisión –de obligado visionado para todo roquero que se precie– al que siguió una larga serie de conciertos en Las Vegas y varias giras musicales. La vieja magia seguía presente pero, poco a poco, la decadencia y el agotamiento del Rey se fueron haciendo visibles.

En 1973, año de su divorcio de Priscilla, comenzó a enfermar con frecuencia y llegó a ser hospitalizado por abusar de todo lo que podía. Nada que le impidiera protagonizar Aloha from Hawaii, el primer concierto de la historia retransmitido de forma global y visto por 1.500 millones de personas.

A pesar del deterioro de su salud –sufrió glaucoma, hipertensión arterial, daños en el hígado y megacolon…– Parker lo hizo seguir girando y grabando sin fin hasta que, finalmente, el consumo excesivo de medicamentos comprometió gravemente su salud y, en 1977, murió súbitamente tras sufrir un infarto. El mundo de la música señaló entonces a Parker –que también murió por un fallo cardiaco 20 años después– por haber sobreexplotado a su frágil pupilo.


En 1973, año de su divorcio de Priscilla, comenzó a enfermar con frecuencia y llegó a ser hospitalizado por abusar de todo lo que podía. Parker lo obligaba a continuar.

Los detalles sobre la verdadera identidad del coronel comenzaron a salir después de la muerte de Elvis. Pero cuando lo hicieron, parecían explicar por qué, a lo largo de su vida, Parker había tenido tanto cuidado en mantener oculto su pasado: por qué había llegado a un acuerdo con la compañía discográfica de Elvis cuando quedó claro que tendría que enfrentarse a un interrogatorio bajo juramento, y por qué, lejos de recurrir al tipo de esquemas de evasión de impuestos que los managers suelen ofrecer a sus clientes, siempre había dejado que Hacienda calculara sus impuestos.

La falta de pasaporte podría incluso explicar el mayor misterio de la carrera de Presley: por qué el Coronel había rechazado docenas de ofertas, por un total de millones de dólares, para que su famoso cliente hiciera una gira por todo el mundo. Elvis era igual de famoso en Londres, Berlín y Tokio; sin embargo, en una carrera de casi 30 años, sólo dio un total de tres conciertos en suelo extranjero, en Canadá en 1957. Aunque entonces las formalidades para cruzar la frontera eran mínimas, el Coronel no le acompañó.

Aunque la historia tardó años en filtrarse, el misterio de los orígenes del Coronel se había resuelto ya en la primavera de 1960, en el improbable entorno de una peluquería de la ciudad holandesa de Eindhoven. Allí, una mujer llamada Nel Dankers-van Kuijk hojeó un ejemplar de Rosita, una revista femenina belga. En ella aparecía un artículo sobre el reciente licenciamiento de Presley del ejército estadounidense, ilustrado con una foto del cantante de pie en la puerta de un tren y saludando a sus fans. La gran figura del mánager de Elvis, de pie y sonriendo justo detrás de su pupilo, hizo saltar a Dankers-van Kuijk.

El hombre había envejecido y engordado grotescamente. Pero seguía conociéndolo como su hermano perdido.

Lejos de haber nacido en Virginia Occidental, Tom Parker era en realidad natural de la ciudad de Breda, en el sur de los Países Bajos. Había nacido allí en junio de 1909, séptimo hijo de un repartidor de leche. Su verdadero nombre era Andreas van Kuijk – “Dries” (se pronuncia “Drees”) para su familia- y, por lo que se sabe, lo cambió por Tom Parker porque ése era el nombre del oficial que lo entrevistó cuando se alistó en el ejército. Huntington, en Virginia Occidental, era una parada en la ruta de la feria de variedades en la que trabajaba el adolescente holandés cuando llegó a Estados Unidos. Parker, o Van Kuijk, también tenía otros secretos. El menor de ellos era que era un inmigrante ilegal, que llegó a Estados Unidos muy probablemente a través de Canadá. Tampoco se había naturalizado nunca como estadounidense.

El Coronel pudo suprimir en gran medida todos estos detalles desagradables; cuando su familia, muy contenta, envió a un hermano a los Estados Unidos para que lo viera, el Coronel lo recibió con frialdad, preocupado, al parecer, porque su madre y sus hermanos pudieran estar detrás del dinero. Además, cuando el hermano Ad regresó a Breda, guardó un silencio desconcertante sobre el tema de la nueva y glamurosa vida de Dries. No había hablado mucho de asuntos personales, según Nash, más allá de mencionar que había pintado gorriones de amarillo y los había vendido como canarios. Algunos miembros de la familia sospechaban que Parker le había pagado para que no hablara.

Los detalles de la infancia de Van Kuijk en Breda acabaron saliendo a la luz unos años más tarde, pero sólo en It’s Elvis Time, una revista de fans holandesa de pequeña tirada. A partir de ahí, fueron recogidos a finales de los años 70 por el biógrafo de Elvis, Albert Goldman. Pero en 1982, la idea de que Parker no había nacido en Estados Unidos era todavía poco más que un rumor.

La exposición del Coronel como inmigrante ilegal hace más comprensible su profunda reticencia a abandonar los Estados Unidos. Pero su aparente falta de voluntad para resolver lo que debería haber sido un problema menor sigue siendo un rompecabezas. Al fin y al cabo, la Ley de Registro de Extranjeros de 1940 había ofrecido una amnistía efectiva a todos los ilegales, y cuando Elvis se hizo grande su mánager hizo un montón de nuevos y poderosos amigos. En los años 60, Parker podría haber llamado directamente a Lyndon Johnson para allanar cualquier problema con su naturalización.

Sólo cuando Elvis murió, en 1977, a los 42 años, surgieron los primeros indicios de que algo mucho más desagradable acechaba en el pasado del Coronel, y una vez más lo hicieron en Holanda. Allí, en la ciudad natal de Parker, un periodista llamado Dirk Vellenga recibió una infidencia: “¿Sabes que Tom Parker es de Breda? Su padre era mozo de cuadra de van Gend en Loos en el Vlaszak”, recordó para Alanna Nash, y se lanzó a lo que sería una búsqueda de 30 años de la verdad sobre el coronel.

Al principio, las investigaciones de Vellenga sólo dieron lugar a viejas historias de la familia Van Kuijk, que aún recordaba cómo su Dries había sido el narrador de la familia y le gustaba vestirse de dandi. Pero su investigación dio un giro mucho más siniestro tras recibir una segunda pista en 1980.

Parker había desaparecido en mayo de 1929 sin decir a ninguno de sus familiares o amigos a dónde se dirigía, sin llevar sus documentos de identidad, y sin dinero ni siquiera la costosa ropa en la que había gastado la mayor parte de su salario. “Esto significaba”, señala Nash, que “se había escapado de alguna situación que lo comprometía”. A finales de los años 70, Vellenga terminó uno de sus reportajes en el periódico planteando lo que le parecía una pregunta razonable: “¿Sucedió algo grave antes de que Parker partiera aquel verano de 1929, o quizá en los años 30, cuando rompió todo contacto con su familia?”.

Al menos uno de sus lectores pensó que esa pregunta merecía una respuesta, y poco después llegó al periódico de Vellenga una carta anónima. “Por fin puedo decir lo que me contaron hace 19 años sobre este coronel Parker. Mi suegra me dijo que, si sale a la luz algo sobre este Parker, diga que se llama Van Kuijk y que asesinó a la esposa de un verdulero en la Bochstraat….Este asesinato nunca se ha resuelto. Pero búsquelo y descubrirá que esa misma noche se marchó a América y adoptó otro nombre. Y por eso es tan misterioso. Por eso no quiere ser conocido.

Consultando apresuradamente los archivos de su periódico, Vellenga descubrió con asombro que, efectivamente, en mayo de 1929 se había producido un asesinato sin resolver en Breda. Anna van den Enden, una joven de 23 años recién casada, había sido asesinada a golpes en la vivienda situada detrás de su tienda, una verdulería de la calle Bochstraat. El local había sido saqueado, aparentemente sin éxito, en busca de dinero. Después, el asesino esparció una fina capa de pimienta alrededor del cuerpo antes de huir, aparentemente con la esperanza de evitar que los perros de la policía captaran su olor.

El descubrimiento dejó a Vellenga perplejo. Los 19 años de silencio que mencionó su misterioso corresponsal llevaban la historia hasta 1961, exactamente el año en que la familia Van Kuijk había hecho el contrato con Parker, y Ad van Kuijk había regresado de su visita al coronel tan notablemente hermético. Y el lugar donde había ocurrido el asesinato estaba a pocos metros de lo que había sido, en 1929, la casa de la familia Parker. Los miembros de la familia del coronel incluso recordaban que le habían pagado por hacer entregas para una frutería de la zona, aunque ya no podían recordar cuál.

Sin embargo, las pruebas seguían siendo totalmente circunstanciales. Ni un solo testigo de la época sugirió que Andreas van Kuijk hubiera sido sospechoso. Y cuando Alanna Nash acudió a los tribunales holandeses para obtener una copia del informe policial original sobre el asesinato, descubrió que en ninguna de sus 130 páginas manuscritas se mencionaba al joven que se convertiría en el Coronel. Lo más cercano a la personalidad del falso militar fueron una serie de declaraciones de testigos presenciales que sugerían que el asesino había sido un hombre inusualmente bien vestido, vestido con un abrigo brillante de color amarillo claro, siempre el color favorito de Tom Parker.

         Mientras algunos que lo conocieron muy de cerca, como Todd Slaughter que pasó de ser el presidente de uno de los Club de Fans a guardaespalda, le aseguraron a Alanna Nash que “el Coronel podía ser un estafador, pero nunca un asesino”, otros hablaban de un hombre muy violento. “No creo que haya ninguna duda de que pudo matar a esa mujer”, dijo Lamar Fike, miembro de la Mafia de Memphis. “Tenía un carácter terrible. Él y yo nos metimos en peleas muy violentas”. “Hacía falta muy poco para que se pusiera violento”, añadió el asistente de Parker, Byron Raphael.

“En sus frecuentes ataques de ira, era un hombre muy peligroso, y ciertamente parecía capaz de matar. Se mostraba simpático un segundo, y se quedaba mirando como si estuviera perdido, y luego, ¡boom!, una fuerza tremenda. Él simplemente se transformaba. Se convertía en un monstruo. Luego, cinco minutos más tarde, volvía a ser gentil y te contaba una bonita y suave historia”, aseguró Byron Raphael.

Nash y Vellenga tienen su propia versión de los hechos, que insisten en que se ajusta a los hechos. Parker, sugieren, fue a la tienda de van den Enden en busca de dinero para financiar su emigración a América. Probablemente había conocido a la mujer; tal vez incluso habrían tenido una relación y estaría muy enojado por su reciente matrimonio. En cualquier caso, lo que pretendía ser el robo de una tienda vacía había salido mal y, en un repentino arrebato de miedo y mal genio, Parker había arremetido contra la mujer y la había matado sin querer.

         Sin embargo, no hay datos precisos para corroborar esta versión. No se sabe con exactitud el día en que Parker abandonó los Países Bajos y, por lo tanto, en qué medida su partida coincidió con el asesinato de Breda. Y Nash, Vellenga y todos los demás biógrafos tanto de Presley como de Parker coinciden en que el Coronel nunca mostró mucho interés por las mujeres. No tenía hijos y trataba a su esposa como una compañera, no como una amante.

Nash resume las cosas de esta manera: “Quiero ser claro al decir que no hay pruebas contundentes de que haya cometido este asesinato, en mi corazón creo que lo hizo. Ciertamente, la forma en que vivió su vida, durante todos sus años, sugiere un secreto de esa gravedad. En otras palabras, si no fue eso lo que ocurrió en Holanda, se trató de algo igualmente horrible”.

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