Una capa de hielo capaz de elevar el nivel del mar en más de 60 metros
Los hijos de los niños de hoy tendrán que emigrar lejos de las costas. La región antártica se dirige a un punto de inflexión climático en 2060, con un deshielo catastrófico si no se reducen rápidamente las emisiones de carbono.
Julie Brigham-Grette - Univ. de Massachusetts Amherst
24 de mayo de 2021

Tal vez también te interese

¿Nos hizo la pandemia mejores ciudadanos?

Se mantiene la confianza en el entorno más cercano, pero crece la desconfianza hacia los vecinos y las instituciones políticas y sociales. También hay recelos hacia las empresas energéticas y los bancos.

Julie Brigham-Grette – Profesora de Geociencias, Universidad de Massachusetts Amherst

Andrea Dutton – Profesora de Geociencias, Universidad de Wisconsin-Madison

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation


Mientras el Secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, discute con otros líderes internacionales sobre los efectos del cambio climático en el Ártico en la reunión que se celebran esta semana en Islandia, una amenaza aún mayor se cierne sobre la otra punta del planeta.

Las últimas investigaciones demuestran que es la Antártida la que puede obligar a un ajuste de cuentas entre las decisiones que toman hoy los países sobre las emisiones de gases de efecto invernadero y la futura supervivencia de sus costas y ciudades costeras, desde Nueva York y Buenos Aires hasta Shangai. Y ese ajuste de cuentas puede llegar mucho antes de lo que se cree.

El Ártico está perdiendo hielo a medida que aumentan las temperaturas globales, lo que afecta directamente a la vida de las personas y desencadena bucles de retroalimentación que alimentan un mayor calentamiento. Pero el gran comodín para el aumento del nivel del mar es la Antártida. Contiene suficiente hielo terrestre como para elevar el nivel del mar en más de 60 metros, aproximadamente 10 veces más que la capa de hielo de Groenlandia.

Los científicos saben desde hace tiempo que la capa de hielo de la Antártida tiene puntos de inflexión físicos, más allá de los cuales la pérdida de hielo puede acelerarse sin control. El nuevo estudio, publicado en la revista Nature, concluye que la capa de hielo de la Antártida podría alcanzar un punto de inflexión crítico en unas pocas décadas, cuando los niños de la escuela primaria de hoy estén teniendo a sus hijos.


La imagen de satélite muestra las largas líneas de flujo a medida que un glaciar mueve el hielo hacia la plataforma de hielo Ross de la Antártida, a la derecha. Las manchas rojas marcan el lecho de roca. USGG

Estos resultados terminan definitivamente con el argumento de que “no es necesario reducir las emisiones de gases de efecto invernadero ahora porque los futuros avances tecnológicos pueden salvarnos más adelante. O se toman medidas drásticas y concretas o la Antártida se derrite.

Si las emisiones continúan al ritmo actual, en torno a 2060 la capa de hielo de la Antártida habrá cruzado un umbral crítico y comprometerá al mundo a un aumento del nivel del mar que no es reversible en escalas de tiempo humanas. Si se retira el dióxido de carbono del aire en ese momento, no se detendrá la pérdida de hielo y, para 2100, el nivel del mar podría subir más de 10 veces más rápido que en la actualidad.

La Antártida cuenta con varias plataformas de hielo protectoras que se extienden hacia el océano por delante de los glaciares del continente, que fluyen constantemente, frenando el flujo de los glaciares terrestres hacia el mar. Pero esas plataformas pueden adelgazar y romperse a medida que el agua más cálida se desplaza por debajo de ellas. Cuando las plataformas de hielo se rompen, pueden quedar al descubierto imponentes acantilados de hielo que quizá no puedan sostenerse por sí solos.

Hay dos inestabilidades potenciales en este punto. Algunas partes de la capa de hielo de la Antártida están asentadas bajo el nivel del mar en un lecho de roca que se inclina hacia el centro del continente, por lo que el calentamiento del agua del océano puede devorar sus bordes inferiores, desestabilizándolos y haciendo que retrocedan rápidamente hacia abajo. Por encima del agua, el deshielo y la lluvia pueden abrir fracturas en el hielo.

Cuando los acantilados de hielo son demasiado altos para sostenerse a sí mismos, pueden derrumbarse de forma catastrófica, acelerando el ritmo del flujo de hielo hacia el océano. El agua profunda circumpolar más cálida puede meterse bajo las plataformas de hielo y corroer la base de los glaciares.

El estudio utilizó un modelo informático basado en la física de las capas de hielo y encontró que con un aumento de 2 C (3,6 F) con respecto a la fase anterior a la Revolución Industrial en el calentamiento global, la Antártida sufrirá un fuerte avance en la pérdida de hielo, desencadenado por la rápida pérdida del enorme glaciar Thwaites. Este glaciar drena un área del tamaño de Florida o Gran Bretaña y es objeto de un intenso estudio por parte de científicos estadounidenses y británicos. Para ponerlo en contexto, el planeta va camino de superar los 2 C de calentamiento.

Otras proyecciones no tienen en cuenta la inestabilidad de los acantilados de hielo y, por lo general, llegan a estimaciones más bajas en cuanto a la tasa de aumento del nivel del mar. Aunque gran parte de la cobertura de prensa que siguió a la publicación del nuevo documento se centró en las diferencias entre estos dos enfoques, ambos llegan a las mismas conclusiones fundamentales:

La magnitud de la subida del nivel del mar puede reducirse drásticamente si se cumplen los objetivos del Acuerdo de París.

Las inestabilidades físicas de la capa de hielo de la Antártida pueden provocar una rápida aceleración de la subida del nivel del mar.

El nuevo estudio, dirigido por los investigadores Robert DeConto, David Pollard y Richard Alley, es uno de los pocos que mira más allá de este siglo. Demuestra que, si las elevadas emisiones actuales se mantuvieran hasta el año 2100, el aumento del nivel del mar se dispararía, superando los 6 cm anuales en 2150. Para 2300, el nivel del mar sería 10 veces más alto de lo que se espera si los países cumplen los objetivos del Acuerdo de París. Una capa de hielo más caliente y blanda y un océano que se calienta y mantiene su calor durante siglos van a impedir que se vuelvan a congelar las plataformas de hielo protectoras de la Antártida, lo que llevaría a un mundo muy diferente.

La gran mayoría de las vías para cumplir el Acuerdo de París prevén que las emisiones superen sus objetivos de mantener el calentamiento por debajo de 1,5 C (2,7 F) o 2 C (3,6 F), y cuentan con que los futuros avances tecnológicos eliminen más tarde suficiente dióxido de carbono del aire para volver a bajar la temperatura. El resto requiere un recorte del 50% de las emisiones a nivel mundial para 2030.

Aunque la mayoría de los países -incluidos Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Europea- se han fijado ese objetivo, las políticas actuales a nivel mundial sólo supondrían una reducción del 1% para 2030.


La ilustración muestra cómo el calentamiento del agua puede introducirse bajo los glaciares y desestabilizarlos

Otros investigadores sugieren que los acantilados de hielo de la Antártida podrían no colapsar tan rápidamente como los de Groenlandia. Pero teniendo en cuenta su tamaño y las tasas actuales de calentamiento -mucho más rápidas que en el registro histórico-, ¿qué pasaría si, por el contrario, cayeran más rápidamente?

Mientras los países se preparan para aumentar sus compromisos del Acuerdo de París en el período previo a la próxima cumbre de las Naciones Unidas en noviembre, la Antártida tiene tres mensajes importantes que nos gustaría destacar como científicos polares y oceánicos.

Cada fracción de grado importa.

Permitir que el calentamiento global supere los 2 C no es una opción realista para las comunidades costeras o la economía mundial. La reconfortante perspectiva de soluciones tecnológicas que permitan una vuelta a la normalidad más adelante es una ilusión que dejará las costas bajo muchos metros de agua, con impactos económicos devastadores.

Las políticas actuales deben tener una visión a largo plazo, porque pueden tener impactos irreversibles para el hielo de la Antártida y el mundo. En las últimas décadas, gran parte de la atención sobre el rápido cambio climático se centró en el Ártico y ahora tenemos que enfocar nuestra atención hacia el otro polo.

A medida que los científicos aprenden más sobre la Antártida, queda claro que es este continente -sin ninguna presencia humana permanente- el que determinará el estado del planeta en el que vivirán los niños de hoy y sus hijos.

Académico