Romance del algoritmo y los espermatozoides danzantes
El "like" que viene a jugar con nuestra autoestima se cruza con el "click" que domina nuestros pensamientos.
Pablo Calvo
3 de octubre de 2020

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Este es un viaje al centro de una noticia viral. Debe contener sexo, claves para adelgazar, la palabra coronavirus, el nombre completo de Lionel Messi, consejos para cuidar tu cerebro y llamadores de la atención de la audiencia, los secretos de, cuatro mitos sobre, hallazgo curioso dos puntos, exclusivo dos puntos.

Se combinarán causas y azares y en tiempo real se conformará una lista de noticias más leídas, que, a su vez, buscará tentar a los navegantes dispersos: ¿qué es lo que despierta tanta curiosidad?; ¡no puedo quedarme afuera de la conversación!; ¡click, ahí voy!; y se activa un mecanismo de imitación que bien describe la neurología cognitiva.

Así, la pieza que va en punta crece y crece y le saca varios cuerpos al pelotón que la persigue. No importa cuántas metáforas bellas tenga el texto ni el orden lógico del contenido. El chartbeat nos avisa que vamos arriba de la competencia y con eso basta, están justificados los errores de tipeo y apañadas las informaciones no verificadas. Estamos ganando. ¿Qué estamos ganando?

Los asesores políticos están desorientados. Preparan el anuncio de un logro oficial y lo tapa un posteo de Diego Maradona pateando en el jardín. Quieren imponer un tema en agenda y se lo come una modelo haciendo muecas en TikTok. Los ministros aseguran que la economía está sólida y los internautas prefieren creerle a los perritos que hacen piruetas en videos con 100 mil reproducciones.

Hasta el interés informativo por el COVID-19 empieza a mermar. La humanidad en peligro y, en las métricas, gana la pelea entre Maluma y Neymar.

En septiembre, la nota descollante en un micrositio de salud estaba titulada con una pregunta curiosa: “¿Por qué algunas personas están ‘cargadas’ y dan ‘patadas eléctricas’?” Obtuvo casi 700 mil clicks y rompió las previsiones.

Importaba más el señuelo que la respuesta. Pocos recordarán que el clima seco hace que el cuerpo acumule energía y que la falta de descarga a tierra nos lleva a que intercambiemos protones y electrones con vecinos y porteros. Conclusión adicional: la gente anda cargada.

Pero este año hubo otro récord. ¿Qué imaginan? ¿La pandemia? ¿La goleada histórica del Bayern Munich al Barcelona? ¿Las idas y vueltas de la vacuna de Oxford? ¿El primer Vía Crucis en un Vaticano vacío?

Nada de eso. La noticia que hizo estallar los medidores electrónicos de clicks, páginas vistas y cantidad de usuarios se refería a la nueva teoría sobre los espermatozoides: no nadan, bailan. Y eso fue el fin de una creencia de 300 años. Una recreación científica en 3D terminó por comprobarlo: muestra cómo las cabezas de los espermatozoides danzantes giran mientras sus colas sólo se mueven de un lado, en un avance en forma de tirabuzón nunca antes descripto.

Nótese que, a contramano de las prácticas periodísticas tradicionales, la palabra “espermatozoides” está repetida en el bloque anterior. Es otro truco de esta era.

En este viaje al centro de una noticia viral, hay vocablos que se convierten en etiquetas, que bien posicionadas en los motores de búsqueda conseguirán tentar al dedo clickeador de más usuarios perdidos en el ciberespacio. El tag “espermatozoides” se suma entonces, en esta breve pero emotiva ceremonia, al listado de atracciones de Gallo.

Es como cuando en las viejas redacciones se mencionaba tres veces al súper compositor del tango: “Pugliese, Pugliese, Pugliese” para captar la buena energía de Don Osvaldo. Quizás, ahora, los espermatozoides nos traigan suerte y este sitio se hace conocido en el mundo entero, incluyendo las nubes que almacenan la información sobre nuestros desplazamientos, calorías gastadas en una caminata y gustos noticiosos.

Propone el periodista Daniel Mecca intentar engañar al algoritmo. Esto es desplegar un complot global, planeado en un boca a boca susurrante, imperceptible a los micrófonos de nuestros dispositivos, y empezar a pedirle a YouTube videos que no nos gustan, a Spotify canciones horribles y a Google lo último sobre las Kardashian, cuando se sabe que preferimos las reflexiones filosóficas de Gabriel Rolón.

Mecca es un tipo creativo y sabe combinar los ingredientes de las redes: inventó vivos de Instagram sobre literatura, armó una fiesta de oradores cultos y la llamó “#BorgesPalooza”.

Se intuye que con su nuevo plan pretende disipar el miedo que sienten los que pasan por la experiencia de ver “El dilema de las redes sociales”, un documental que descubre secretos de quienes manejan los hilos detrás de las pantallas y de los que inventaron el temible botón del “me gusta”. Una manipulación de la mente humana explicada y denunciada con nombre y apellido. Eso sí, entre tantos villanos digitales, Netflix casi ni aparece mencionada. Es la plataforma en línea que pasa la película. Si te diste cuenta de eso, esta nota es un 93 por ciento para vos.

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